lunes, 29 de enero de 2018

V de Victoria

Mi madre ya se había acostado, pero yo no quería perderme un capítulo de esa serie, así que me quedé viendo la tele en la cocina.
La imagen no podía ser más ochentosa: un televisor chiquito marca Hitachi (el de la publicidad con Adriana Brodsky en short cavado de satin jugando al fútbol con tacos aguja), redondo y de carcasa rojo furioso. Y en la pantalla, V, Invasión Extraterrestre, con la bella reptil invasora Diana y el jefe de la resistencia Donovan ("Must be the season of the witch", pensaba yo cada vez que lo nombraban). Yo tendría unos ocho años y en un momento me empezó a doler la panza. Fuerte. Mucho más que cualquier otra vez que recordara. Mi madre se levantó (¿instinto materno?) y me preguntó qué me pasaba. Tan fuerte me dolía que cuando me ofreció llevarme al hospital le contesté enseguida que sí.
El hospital estaba a cuatro cuadras de casa pero tardamos mucho en llegar porque yo iba doblada de dolor. Los remises veinticuatro horas todavía no eran comunes en esa época y en esa zona, y mi papá trabajaba de noche. De todos modos lo que más me costó fue subir la escalinata principal. Dolía. Y el hospital estaba muy distinto a otras veces. Oscuro, totalmente oscuro. Ni una luz encendida, los ventanales de la edificación del siglo XIX todos cubiertos con papel afiche marrón y frazadas. Golpeamos y nos atendió una enfermera que abrió la puerta apenas para poder asomar la cara, y después un poco más, apenas para que mi madre y yo pasáramos de costado. Todas las luces interiores estaban apagadas también. La enfermera nos guió hasta una escalera de mármol que caracoleaba hacia abajo. La guardia ahora atiende en el sótano, nos dijo. Tuvo un diálogo con mi mamá del que sólo capté algunas frases.
Amenazaron con bombardearnos.
Sí, la Marina.
Como en la guerra.
Pero los ingleses no llegaron a tanto.
Al hospital **** de zona Oeste le pasó.
Y, donde se atienden los pobres, ya sabemos cómo es esto.
Los setenta.
Yo me acuerdo que se llevaban a los chicos de acá mismo, señora. Los Falcon salían del CEF a cazar.
Quieren volver.
El mármol frío de la escalera adquiría un reflejo cálido a la luz de una lámpara de pie. Me sentaron en una camilla. Mientras esperaba entró más gente: dos muchachos, uno no podía respirar. Un ataque de asma, me dijo mi madre. En determinado momento el hombre y yo quedamos solos, yo en mi camilla, él en una silla de ruedas, y él empezó a boquear. Los ojos grandes al cielo, la boca abierta, aspiraba bocanadas de aire pero no pasaba de la garganta, me asusté, pensé que se moría delante mío, hasta que vino el que lo acompañaba (¿amigo? ¿hermano? ¿pareja?) con la enfermera y alguien más y se lo llevaron.
El acompañante sonreía mucho, y el chico con el ataque también, cuando podía.
Mi dolor de panza dejó de ser relevante para mí después de eso. O se me pasó por el susto, o por causas naturales. No recuerdo cómo fue la vuelta a casa. V ya había terminado cuando llegamos.

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Esta leyenda apareció al comienzo del primer capítulo de V (serie norteamericana producida por la NBC). Y tiene varios detalles que rompen con lo clásico en series de ese país. Por ejemplo, el igualar la resistencia de un planeta contra un invasor extraterrestre (http://www.locoretro.com/2014/09/v-invasion-extraterrestre.html) con la resistencia europea ante la invasión nazi, y ambas con la resistencia del pueblo salvadoreño ante las fuerzas armadas( https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_civil_de_El_Salvador ). Si bien la acción transcurre en los Estados Unidos, se sabe que atacaron en todas las grandes ciudades del mundo(¡sí! nombraban Buenos Aires, qué emoción). Una pareja de ancianos, sobrevivientes del holocausto nazi, son los primeros en darse cuenta de la dualidad de los visitantes, quienes se presentan como seres casi idénticos a los humanos y que vienen en son de paz, pero en realidad son horrendos reptiles con otras intenciones. Incluso la abuela colabora en la guerra de guerrillas lanzando molotovs (que esconde en el chango de las compras) contra las naves de calle enemigas. En otro capítulo, Donovan encuentra a un mexicano que ayudó a escapar a toda una familia. Lo habían torturado. "Querían que les dé información, pero mi abuelo...él peleó con Zapata. No dije nada", contaba agonizante y orgulloso. En resumen, la serie carecía de ese elemento centromundista, racista y patriótico de bandera yankee flotando de fondo que suele caracterizar a este tipo de producciones. También (al parecer, ya que hay diferentes versiones) fue cancelada abruptamente pese al éxito que tenía. Los resistentes se identificaban con la "V" de la victoria.


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Raúl Alfonsín, el primer presidente democrático argentino después de la dictadura 1976-1983, debió enfrentar serias disidencias con la cúpula militar y policial, que no se resignaba a entregar todo su poder, y tuvo que hacer grandes concesiones como las leyes de Punto Final y Obediencia debida, que les garantizaba una impunidad parcial, que pasó a ser total durante la presidencia de su sucesor, Carlos Saúl I. Hubo tres levantamientos militares durante su mandato: un amotinamiento en Campo de Mayo durante la Semana Santa de 1987 que reclamaba el "cese de agresiones contra las FFAA" ("agresiones" significaría que se juzgue a sus integrantes por el genocidio que habían cometido), el alzamiento de Monte Caseros (Corrientes) en 1988, y la toma del cuartel de Villa Martelli en 1988 (https://es.wikipedia.org/wiki/Carapintadas). También hubo un último ataque de la guerrilla, el copamiento al cuartel de La Tablada en 1989, con una represión que según Alfonsín fue ordenada por él mismo, pero que al parecer fue exclusiva responsabilidad de militares y ex miembros de los grupos de tareas. Todavía hay cuatro desaparecidos de ese enfrentamiento (https://www.laizquierdadiario.com/La-Tablada-El-ultimo-combate-de-la-guerrilla).
 No pude encontrar información sobre las amenazas de bombardeos a hospitales del Gran Buenos Aires, sólo testimonios de pacientes y ex trabajadores. Hace años me pasó lo mismo con el bombardeo a Plaza de Mayo de 1955: no había información (online ni en ningún libro al que tuviera acceso) sobre que algo semejante hubiera pasado, sólo lo que me contó mi madre, que estuvo ahí, y lo que pude preguntarles a otras personas de su misma generación. Años después se empezó a hablar de eso en diarios y suplementos periodísticos. Así que les creo a los que me cuentan sobre un hospital oscurecido como en el Londres de la Segunda Guerra. Les creo.

El CEF, Centro de Educación Física, es una finca del siglo XIX utilizada como centro deportivo y de profesorado de educación física. Durante mis estudios secundarios tuve ahí las clases de gimnasia (casi siempre en un campo al fondo,casi salvaje, que por lo lejano y desierto conocíamos como Siberia). Por lo poco que pude averiguar, los móviles con los grupos de tareas- autos sin identificación oficial, casi siempre Ford Falcon o Torino, cargados de hombres también sin identificación oficial- quedaban de guardia ahí, atentos a acudir donde se los necesite en la zona de San Fernando centro, Virreyes y Victoria. No pude saber por ahora si también tenían prisioneros en alguna de las casonas antiguas que forman parte del predio, ahora perteneciente a la Universidad de Lujan.

Los grupos de tareas nucleaban a miembros de las distintas ramas de las fuerzas Armadas- Ejército, Marina, Navales, Policías Federal y Bonaerense, Servicio Penitenciario-y eran los encargados de allanar domicilios y secuestrar sospechosos e interrogarlos. Se repartían las propiedades, muebles, electrodomésticos y crías de los "subversivos" atrapados. Los que fueron juzgados y encarcelados están siendo indultados y beneficiados con prisión domiciliaria.







Al heroísmo de los luchadores de las resistencias- pasadas, presentes y futuras- es dedicado respetuosamente este trabajo.



Para los que quieran ver la serie completa: https://canalretromania.blogspot.com.ar/2015/02/v-



lunes, 9 de mayo de 2016

Osario (relato)

Fue mi primer amor, pero en realidad teníamos poco y nada en común. Por eso fue una sorpresa cuando me pidió que lo acompañe al cementerio. Él no desaprobaba pero tampoco entendía el placer que sentía yo al recorrer los pasillos grises de la parte vieja del cementerio, llena de bóvedas grises como pequeñas casonas. Pero esa tarde helada de agosto sintió una repentina urgencia por visitar la tumba de su abuela, fallecida 15 años antes, así que fuimos.
Era avanzada la tarde, hacía mucho frío y el viento cortaba, así que éramos los únicos. Él nunca había ido antes, pero llevó el número de lote y cuadra anotado con lápiz en un pedacito de papel y le pedimos al sereno que nos indicara el camino. El hombre-un pelirrojo flaco y seco- cerró con un manojo enorme de llaves la oficina y se adentró en las callecitas silenciosas con nosotros atrás y un perrito con bigote y barba, colorado como el dueño, adelante, como guiándonos a los tres, saltando entre las tumbas como si estuviera en una cacería. Cuando llegamos el sereno nos avisó que faltaba una hora para cerrar y nos dejó solos.
La tumba estaba llena de yuyos y con la parte de arriba destrozada, como si hubieran saltado encima hasta romperla. En la cruz tenía un portarretratos ovalado con una foto de la abuela, que era como si mi suegro- su hijo- se hubiera puesto un vestido floreado y mirara desconfiado a la cámara. Pensé con una sonrisa en mi suegro, peronista de derecha, guardaespaldas de Guillermo Patricio Kelly caído en desgracia, mujeriego, que se pasaba las noches de los sábados en la Casa del Tango tomando merca. Siempre me acariciaba el pelo con su manaza con anillos de oro y ónix y me dijo "mi nuerita" hasta muchos años después de que dejara de serlo.
Él se puso a arrancar los yuyos y yo lo ayudé, y sin mirarme me contó que había soñado con su abuela, que aunque se acordaba poco de ella la extrañaba mucho y que aunque no quería ir nunca a visitarla en ese lugar, de pronto se había despertado una mañana pensando que los muertos son parte de uno. Me gustó eso. No se escuchaba ni un sonido y podríamos haber sido las únicas personas en el mundo.
En un momento el hechizo se rompió y nos dimos cuenta de que ya casi estaba oscuro y de que ya habían pasado quince minutos de la hora de cierre. Él se apuró para terminar de acomodar las flores que había llevado en un frasco de Nescafé que yo encontré tirado por ahí, se levantó y se persignó con gesto torpe.
Entonces vimos el resplandor.

 El osario es un cuadrado de ladrillos blanqueados a la cal al que con el correr de los años le fueron agregando hileras en la parte de arriba. Ahí van los restos de las sepulturas con arrendamiento vencido cuando no quedan familiares para tramitar otra solución, y también los de la gente que no tiene familia. También se habló de desaparecidos. Unos años antes un empleado del registro civil- el mismo idiota que cuando fui a renovar mi DNI  a los 16 años bromeó con respecto a mi edad porque le parecí mayor, y después retrasó un año un trámite que de por sí era largo y engorroso al anotar mal mi nombre-, un empleado del registro civil, decía, había denunciado no recuerdo con qué motivo que los restos de las monjas francesas asesinadas durante la dictadura estaban en ese lugar. Se sacaron cuerpos y se practicaron algunas pericias-supuse en ese momento- pero no se identificó a ninguna de las francesas.
Y de ese lugar, que estaba a unos metros en diagonal de donde estábamos parados nosotros, venía el resplandor. Aguzando la vista, porque ya estaba bastante oscuro y el viento soplaba muy fuerte e increíblemente frío y lastimaba la vista, vi que eran velas. Un grupito de velas prendidas contra la pared del osario más cercana a nosotros, a cierto resguardo de las ráfagas pero igual con las luces flameando y temblando. Quién las prendió, nos preguntamos. No habíamos visto a nadie en el rato largo que pasamos ahí, y la construcción estaba lo suficientemente cerca como para notar a una persona pegando velas en el piso y encendiéndolas una a una. Nos miramos y volvimos a mirar en redondo el campo chato en penumbras.
Si no queríamos salir pisando sepulturas-y por alguna razón no queríamos-teníamos que acercarnos más al lugar donde brillaban las llamitas hasta tomar el camino principal hasta la salida. Como hasta un par de metros de las velas. Sospecho que para él la situación era más inquietante que para mí, que conocía cada recoveco como la palma de mi mano. Así y todo no estaba del todo tranquila. Y me fui inquietando más a medida que nos íbamos acercando más a la luz amarillenta y temblorosa, agarrados de la mano. Capaz que él me transmitió su nerviosismo con el contacto de esa mano grande, suave y caliente que siempre me gustó tanto. Y a lo mejor también me transmitió la urgencia por salir de ahí antes de que termine de oscurecer. No, pensé,esa urgencia ya estaba dentro mío.
 Cuando llegamos lo más cerca que teníamos que llegar pudimos contarlas. Cinco velas, cuatro blancas y una roja, todas consumiéndose en diferentes fases.
-¿Pero quién mierda las prendió?, nos preguntamos de nuevo.
Cuando les dimos la espalda empezamos a caminar todavía más rápido y él empezó a apretarme la mano todavía más fuerte.
 Cerca de la entrada el perrito parecía esperarnos moviendo la cola y pensé en Ideafix, el perro de Asterix, y en Milou, el de Tin Tin. Y un poco se parecía  Tin Tin el sereno, sólo que más viejo y malhumorado.
- Ya los estaba por ir a buscar- rezongó,y como una de las hojas de la puerta principal ya estaba cerrada y él esperaba impaciente sacudiendo el manojo enorme de llaves, no supimos si creerle o no cuando nos dijo(después de que le preguntamos tratando de aparentar indiferencia) que nadie más había entrado a prender unas velas con ese frío, y salimos a -ahora sí- la noche.


sábado, 31 de octubre de 2015

Relato sin título


Por el costado de la ruta la oscuridad era total.Agarramos una curva pasando el club de empleados de comercio y nos metimos en un lote alambrado. Nordelta, decían los carteles. En ese tiempo Nordelta recién estaba siendo construido. Flavio se bajó del auto, corrió un sector de alambre que estaba suelto y pasamos.
Derrapó un rato sobre el barro riéndose como demente. Yo no le presté atención. Se le pasaba rápido si uno no le hacía mucho caso.
Por fin paramos delante de un castillo. Porque era eso, un castillo. De piedra gris, ventanas con vitrales, puertas gigantes, toda la bola. Flavio agarró la lata con los fasitos y la guitarra y me hizo una seña para que baje.
Por el costado del caserón había una escalera que se internaba en la tierra. O al menos eso me pareció a mí mientras miraba nervioso para todos lados. Flavio prendió un Zippo y empezó a bajar. Lo seguí.
-No sabés la acústica que tiene esto, animal. Cuando tengamos que hacer algún video para cuando salga el disco, lo quiero filmar acá.
- Se hace playback en los videos, qué te importa la acústica.
-Yo voy a tocar posta.
Flavio es el vástago único (o al menos el único reconocido) del rocker más famoso de la Argentina. Como su padre, toca la guitarra, y como su padre tiene una voz de trueno que retumbaba contra las paredes de ladrillos grises.Lo que no tiene es el talento del viejo. Sí, toca mucho mejor que yo, lejos. Pero no tiene la magia para componer de su padre, y no sabe usar la voz y siempre termina pegando alaridos hasta quedarse afónico. Y aunque conoció al viejo a los 11 años, recién tienen una relación más o menos desde los 17, cuando Flavio estuvo en edad de acompañarlo al cabaret.Bueno, a lo mejor yo le tengo un poco de envidia por ser el padre el que es.Y porque mi viejo nunca me llevó al cabaret ni tiene groupies por todos lados. Pero es la verdad.

Bajamos por la escalera de piedra, con los escalones desgastados por el uso. Al doblar en un recodo apareció ante nosotros una habitación como de cuatro metros cuadrados, con el techo bajo y formando arcadas. Las paredes chorreaban humedad y me pareció como que el aire frío me pellizcaba los huesos.
Flavio fue hacia una caja en la pared, subió una llave enorme de color marrón y una lamparita amarilla y agonizante iluminó todo.Después caminó hacia un mueble monstruoso, se inclinó y sacó de atrás dos botellas de Quilmes. Con un gesto indiferente sacó la araña patilarga que corría por sobre una de las botellas y la destapó con el encendedor.Le dió un buen trago, resopló y me la pasó. Empecé a tomar mientras él conectaba la guitarra al marshalito que tenía enganchado en el cinturón.
-Che, qué onda este lugar-pregunté al fin, mientras él tocaba algo que sonaba como una mezcla entre Helloween y el afilador que pasaba por el barrio cuando yo era chico y todas las viejas salían corriendo con tijeras y cuchillos para que se los afilara.
-Lo van a tirar a la mierda cuando terminen todo este barrio para chetos. Y van a construir una de esas casotas que parecen cajas de zapatos que tanto les gustan
-Pero sabés quién vivía acá?
-Algún as del ganado del siglo XIX.-se mandó una de esas risotadas que hacen temblar las paredes.- Dicen que en los '70 la usaron los milicos de chupadero.
-Naa. Y también vive un fantasma en el altillo, no?
- No sé. después nos fijamos.
Y se puso a improvisar algo sobre milicos asesinos y picanas.No le llega ni a los talones al viejo.

Yo tomé un trago más, le di una seca al churro de Flavio -flores frescas de los jardines de Tigre, pensé- y me dediqué a mirar el lugar. Daba miedo posta. El mueble que había usado el rubio para esconder las cervezas me entretuvo un buen rato. No me decidía sobre si era un banco de carpintero cavernario o el aparador de un gigante de la Belle Epoque. Al final me senté en el suelo, encima de la campera de jean que se había sacado Flavio. Él nunca fue muy escrupuloso con la limpieza de su ropa, de todos modos.Fumaba, tomaba, escuchaba y flasheaba. Pensé en campos verdes, en flores violetas, en el pelo de Andrea cuando lo enreda el viento .
Y en un momento las vi. En ángulo a donde estaba yo, contra la pared más alejada de la escalera. Algo redondo y color herrumbre que salía de la pared. Una cadena que colgaba.
Mis ojos estarían tan chinos que no podía ver bien. Aparte estaba oscuro, como corresponde al sótano de un castillo abandonado en medio de la nada.Me levanté y me fui acercando despacito y de refilón, como los gatos, hasta que me quedé parado delante de la pared. Dos aros de metal oxidado, gruesos y de aspecto obsceno ( no sé por qué se me ocurrió esa palabra, pero eso fue lo que me vino a la mente: eran obscenos) salían de la pared, de ellos salía una cadena muy gruesa y muy corta, también oxidada, y de ahí unas esposas.¿ Eran unas esposas? Sí, estaban a la altura aproximada de mis hombros. Miré para abajo. Dos aros iguales, pero justo arriba del zócalo.Dos aros iguales, con dos cadenas iguales y dos esposas iguales. Grilletes, pensé. Si son para los tobillos se llaman grilletes.No sé cómo mierda sabía eso, ni si era verdad, pero algo me decía que sí, que era así. Grilletes.
Miré hacia mi derecha, y al lado de la caja con el disyuntor que había activado Flavio había un armazón de cama de metal, parado y apoyado contra la pared. Una cucaracha corría por uno de los bordes. El metal del elástico brillaba en la penumbra. Penumbras, pensé, y me vino la imagen de Sandro con bata roja y una rosa roja en la mano y la música de Sandro se mezcló con la zapada de Flavio y el metal de las esposas me sostenía las muñecas y el oxido me raspaba los tobillos y al lado mío la cama de metal pero ahora estaba puesta en el suelo y había alguien tirado sobre ella y esa persona (¿hombre?¿ mujer?) estaba atada también igual que yo y un cable grueso, negro y obsceno iba hacia la caja con el disyuntor y me faltaba el aire y me incliné y vomité la Quilmes y la pizza casera que nos había servido la abuela de Flavio y supongo que el humo de las flores lo vomité también mientras mi amigo dejaba por un momento de tocar y me gritaba
-Quéee, ya desbarrancaste, pelotudo, mirá que sos nena, flaco, la puta que te re parió- e inclinó la cabeza, el pelo largo y rubio cayendo sobre la Gibson negra del viejo y enpezó a tocar otra vez.







jueves, 8 de octubre de 2015

Cuándo.

¿Cuándo se considera que se convierte una en mujer?

¿Cuando empieza a menstruar? ¿Cuando necesita determinada talla de corpiño? ¿Cuando comienza a aportar su sueldo a la casa? ¿Cuando es madre? ¿Cuando decide no aguantar más lo que no quiere aguantar? ¿Cuando no le importa que eso la haga ser considerada 'una perra'? ¿La primera vez que le meten mano en el colectivo? ¿O la primera vez que reacciona cuando le meten mano en el colectivo y grita e insulta y no le interesa que la miren como a una loca? ¿Cuando es capaz de matar sola una cucaracha? ¿La primera vez que duerme tranquila después de que un desconocido la haya seguido durante tres cuadras oscuras? ¿Cuando dejan de importarle cosas como la edad? ¿Cuando dejan de importarle cosas como la diferencia de edad? ¿Cuando su mejor amiga de los 13 años llega a su casa llorando, contándole que su primo de veintipico la quiso abusar, y que su propia madre le dijo que ella se lo había buscado, por provocarlo? ¿Cuando se da cuenta de que eso no es sólo algo de la familia de su amiga, que es algo que acecha en cada rincón ? ¿Cuando deja de importarle una mierda lo que diga la madre, el viejo de enfrente y la vecina de la vuelta? ¿Cuando para la olla en su casa sin ninguna ayuda? ¿Cuando se abruma porque todo depende de ella y se abraza a las almohadas para dormir? ¿Cuando se abruma porque todo depende de ella y sube el volumen de la música y se pone a bailar? ¿La primera vez que tiene relaciones? ¿La primera vez que las disfruta? ¿Cuando decide buscar el placer? ¿Cuando le regalan bombones y flores? ¿Cuando nadie le regala nada? ¿Cuando deja de estar a la defensiva? ¿Cuando está en alerta constante? ¿Cuando se acepta como es? ¿Cuando trata de cambiar? ¿Cuando no le importa ir al chino un domingo a la mañana sin peinar y sin pintar? ¿Cuando empieza a usar la ropa que quiere? ¿Cuando deja de creer en las promesas? ¿O cuando vuelve a creer, arriesgándose a otra muerte lenta? ¿Cuando deja de necesitar promesas? ¿Cuando deja de competir con otras mujeres? ¿Cuando una amalgama de arrugas y grasa la convierte en un ser invisible que transita por las calles como un ente translúcido? ¿Cuando deja de menstruar? ¿Cuando aborta? ¿Cuando 'consigue un muchacho bueno que la quiera'? ¿Cuando decide que no quiere una cosa que se pueda 'conseguir' como un chocolate en el kiosko? ¿Cuando busconea y siente placer haciéndolo? ¿Cuando tiene nietos?¿Cuando adopta su gato número siete? ¿Cuando se hace un círculo de amigas mujeres? ¿Cuando 'se lleva mejor con los varones'? ¿Cuando deja de sentir satisfacción con un atracón de golosinas? ¿O cuando no deja de saborearlas y disfrutarlas como cuando era una nena? ¿Cuando aprende a sentarse 'como una señorita'? ¿Cuando desaprende y se acomoda con las piernas abiertas?

¿Cuándo?

martes, 15 de septiembre de 2015

El Soldado y la muñeca que llora

Me gustaban los veranos en la casa de mi hermana. Me hacían sentir independiente. Mi hermana era casi 20 años mayor que yo y era linda y elegante y cuando alguien creía que era mi mamá yo me sentía orgullosa .Supongo que debería sentirme culpable por mi mamá verdadera por eso, pero yo las comparaba, mi madre 42 años mayor que yo, despeinada, sin preocuparse por la ropa, sin maquillarse jamás, los chicos del colegio discutiéndome a muerte que esa no podía ser mi mamá, que era mi abuela, y mi hermana con su delineador negro y sus vestidos floreados y sus tacos, y no me pasaba. No me sentía culpable.
Además, el barrio era como los de las películas norteamericanas, las casas con parques, las veredas muy anchas y cubiertas de pasto. El heladero pasaba todas las tardes con su bicicleta y su caja misteriosa repleta de helados Laponia, como el Patalín y uno con cara de payaso y con una nariz de chicle. Mi hermana vivía en una casa con fachada de Frentebril verde, con una estrella roja y amarilla y terraza. El vecino de enfrente era el intendente. Los vecinos de los costados eran militares. Mi hermana estaba casada con un militar.
También Helena, la vecina de al lado, estaba casada con un militar. El marido de mi hermana estaba en la Antártida por dos años, pero al de Helena lo veía de vez en cuando. Era alto, tenía un bigote muy grande y no saludaba a los chicos.
Sólo les dirigía la palabra (y no siempre) a sus hijos. Gastón y Florencia. Eran un poco más chicos que yo, pero Florencia era una líder nata, con su pelo muy rubio y lacio con flequillo (como la madre).Siempre usaba jardineros de jean y cintas en el pelo, pero al rato las cintas estaban todas torcidas, el pelo desgreñado y pegoteado de mermelada, las rodillas llenas de barro.
Gastón era mucho más delicado. Para mí era un bebé, suave y dulce y redondo. Pero cuando desarrolló una especie de enamoramiento conmigo le tomé bronca. No sé por qué. Él me seguía a todos lados, se sentaba muy pegado a mí, quería ser mi compañero en todos los juegos. 'Es porque está enamorado de vos', me dijo la hermana encogiéndose de hombros. A mí me daba odio su devoción. La tarde en que le clavé las uñas en la mano con todas mis fuerzas y él trató de aguantar el llanto hasta que vio que no podía aguantarlo más y se fue es unos de mis recuerdos de infancia que más triste me pone y más me avergüenza. Fantasear con que mi hermana era mi mamá no le llega ni a los talones a la forma en cómo me miraba con los ojazos castaños mojados.
La memoria me falla cuando se trata de mi muñeca. No recuerdo si el episodio de la muñeca fue antes o después de esto. Supongo que después, ya que no tengo ninguna imagen de  Gastón después de eso.
La muñeca era italiana, tenía un pijama rosa, rulos castaños y ojos verdes. Le sacabas el chupete rosado y lloraba a los gritos. Venía en un moisés de mimbre con un pavo real bordado. Fue un regalo de mi papá. El último. Después de eso ya no me hizo más regalos porque 'era grande'.Era tan hermosa que no se me ocurría un nombre acorde. Entonces mi madre la bautizó Vanesa, como la vecinita rubia que ella tanto admiraba (supongo que yo no era la única que fantaseaba con tener familiares más lindos). Nunca me cerró, pero a falta de otro nombre, Vanesa quedó.
La primera vez que Gastón vio a Vanesa quedó extasiado. La tenía en brazos y la miraba y revisaba toda. Pero tenía cuidado al manipularla, como si fuera un bebé de verdad. Igual Florencia enseguida se la sacaba. 'Ya sabés lo que dijo mamá, papá no quiere que juegues con muñecas'. Gastón tenía unos muñecos estilo G.I. Joe que nunca había visto antes pero no le gustaban, los usaba Florencia para maridos de sus Barbies.
Me llamó la atención que el tipo ése que no estaba nunca y que parecía importarle poco y nada de los hijos se metiera en algo tan trivial como con qué jugaba el hijo menor.
Pero la escena empezó a repetirse casi todos los días. Yo salía con la muñeca, Gastón me la pedía, la hermana esperaba un poco y se la sacaba. Un día comentó que la madre le había pegado la noche anterior porque lo vio con la muñeca .Él hizo el gesto con el hombro de 'no me importa' y hundió la nariz entre los rulos de Vanesa.
Más tarde mi hermana me dijo que no jugara más afuera con la muñeca, que 'los chicos se van a pelear y te la van a terminar rompiendo'.
Pero yo sabía que era Helena la que le había dicho que guardáramos la muñeca. Lo sabía,y no podía entender cómo una mujer tan hermosa (con una casa tan linda y que se compraba ropa casi todos los días, y revistas y zapatos con plataforma y bombones de licor) y su marido, un hombre alto con un buen auto y un puesto importante que tenía que luchar contra los guerrilleros, porque el país estaba lleno de guerrilleros en ese tiempo y hombres como él y como mi cuñado desde la Antártida luchaban contra eso, no sé cómo pero luchaban, cómo una pareja así se desvelara por una estupidez como que el hijo menor jugara con mi muñeca.
Pasó el tiempo, jugamos a otra cosa, un día entre 8 o 10 chicos hicimos una carpa con sábanas en la terraza de mi hermana, después hubo una tormenta de viento muy fuerte y la tiró, los helados que vendía nuestro heladero salieron en la tele en una propaganda con Carlitos Balá, una tarde insistí en meterme en un entrepiso abajo del lavadero que estaba cerrado desde hacía años y me pareció ver un par de ojos redondos y verdes brillando en la oscuridad y grité y grité y un adulto me agarró de las axilas y me sacó de ahí sin hacer preguntas, y Helena y mi hermana comentaron que una mañana había aparecido un borracho en la cuadra abrazado al duraznero pero vinieron unos señores de bigotes como el papá de Florencia y lo metieron en un auto verde y se lo llevaron ,el verano estaba terminando y pronto iba a ser hora de volver a mi casa, y un día le pregunté a mi hermana si podía jugar afuera con Vanesa y me dijo que sí sin dudar.
Así que salí con Vanesa en brazos toda primorosa en su ropita rosada y como siempre que salía a la vereda enseguida salieron Florencia y Gastón. Mientras discutíamos a qué íbamos a jugar, Gastón me arrebató la muñeca y corrió. Florencia empezó a perseguirlo gritando sus advertencias: 'No, que está papá', 'Acordate de lo que dijeron', 'Mamá se va a enojar otra vez', 'Papá te va a matar'. Gastón corría y corría con la muñeca en brazos, la protegía con su cuerpo, de golpe frenaba y arrancaba para otro lado, se tiraba en el pasto y rodaba como los soldados que habíamos visto en los entrenamientos en Campo de Mayo, pero los soldados no llevaban en brazos una muñeca toda rosada y no hundían la nariz en su cuello y sus rulos y cerraban los ojos y la apretaban más fuerte. Pero igual era valiente como los soldados, porque a pesar de ser chiquito y redondo y suave sabía lo que iba a pasar y lo hizo de todos modos.
Vi la sombra de Helena antes de verla a ella, con los dientes apretados y los ojos duros. En la ventana de la cocina, duro como una estatua, estaba el marido con sus bigotes. Helena se llevó a Gastón. A la muñeca me la devolvió Florencia más tarde. Sólo me dijo que a Gastón le pegó el papá. Debe pegar fuerte, pensé.
No volví a ver a ninguno de los dos.

martes, 11 de agosto de 2015

Como suelen hacer

Mis múltiples "Yo" deliberaban dentro mío como suelen hacer. Subían las voces, como suelen hacer en momentos de crisis. Mi Yo Saboteador empezó (como suele hacer) a recriminarme que todo era culpa mía. Si sos fea, no valés, sos tonta. "Callen a la monstrua", pensé yo. Y la Monstrua hizo un gesto de aceptación (como nunca suele hacer), un gesto de "Es verdad, a veces me excedo", y se sentó junto con todas nosotras, mis otros Yo y yo, piernas cruzadas en el piso, todas en ronda, y nos miramos entre todas con perplejidad.
Eso me asustó mucho.

lunes, 10 de agosto de 2015

Gris

Maxi tiene un trabajo que no le gusta pero que tampoco lo agobia.
Él simplemente levita entre sus obligaciones y sus ratos libres. En estos últimos le gusta ir cada tanto a ver una banda. O tomar una birra con los pibes del grupo. Nunca intercambia confidencias con ellos.
A Maxi le gusta la chica que trabaja cerca de su casa. A veces pasa por el kiosko donde ella atiende sólo para mirarla, pero nunca le dice nada. Una noche que había fumado unas flores especialmente ricas que consiguió su amigo Nico, se animó y la agregó en el Facebook. Ella lo aceptó, pero a Maxi no le gusta chamuyar por chat, y en persona no se anima.
Maxi tiene una ex novia que le duró lo que un suspiro. Cada tanto entra en su Tumblr para ver sus desnudos.
Maxi simplemente levita entre sus sueños y su vida gris.


lunes, 1 de junio de 2015

Whatsapp

Sábado a la noche, en el bar del barrio. La pareja se sentó enfrente nuestro, les sirvieron sus tragos y ambos sacaron sus celulares y clavaron la vista en ellos. Y eso fue todo.No levantaron la mirada nunca más. Él se pasaba la mano por la boca cada tanto. Ella por el pelo, todo el tiempo, y sonreía. En un momento lo tomó del brazo y puso el aparato frente a los dos. Foto. Yo aposté a que iba a hacer trompita de pato. Perdí. Fue una mirada dulce, una cara serena, de felicidad, de estar donde querés estar. Ni bien brilló el flash le soltó la mano y siguió en lo suyo, o sea, en el teléfono. Al rato pidieron la cuenta, él pagó, se levantaron, ella miró alrededor (arreglándose el pelo otra vez con gesto grandilocuente y estudiado) y al vernos a las 4 pendientes de ellos (éramos 5, pero una estaba demasiado ebria para notar nada) sonrió con satisfacción, lo besó en la boca y se fueron.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Vampire Love

El mensaje llegó a las 5:00 de la mañana. 'Ya terminé de tocar. ¿Seguís sola? ¿Querés que vaya?'
Me había insistido para que vaya a verlo.Hubiera podido ir en realidad. Pero me quedé. Pensaba dormir todo el domingo.
A las 7:00 fui a esperar el tren. Bajó, el pelo rubio, la piel pálida, los ojos rojos.'Hola, vampira', me dijo.él era el que parecía un vampiro. No me alcanzaban los brazos para apretarlo.
Estaba cansado. Más de dos horas de viaje, después de ensayar toda la tarde y tocar toda la noche. 'Creo que nunca hice algo así', confesó, con cara de escolar cansado.'Solamente por vos lo haría'.
Mi casa está sólo a tres cuadras de la estación, pero perdí la cuenta de las veces que nos paramos para abrazarnos y besarnos.Hacía frío.
Me miró. 'No me hago una paja desde hace tres días. Me estaba guardando para vos'.
En casa iba al dormitorio para sacarme el sweater de lana, pero me detuvo en el pasillo. Me apretó contra la pared, metió la mano debajo de la ropa, me comió.Nos comimos.
No sé cómo llegamos a la cama, no sé cómo lo hicimos ninguna de las cientos de veces anteriores.Sí sé que en un momento le puse mi pierna delante de la cara para que me baje el cierre de las botas, marrones, hasta la rodilla.
Y que en otro momento nos quedamos quietos, muy quietos.Él estaba arriba mío. Adentro mío. Fui consciente de que el aire era frío, pero nosotros estábamos dentro de una burbuja cálida y seca, y nos quedamos quietos, abrazándonos fuerte, él adentro mío, pero yo también adentro de él de alguna forma. Me moví apenas para juntar nuestros labios, la única parte de nuestros cuerpos que estaba separada.Solamente puse mi cara de frente a la suya, y su boca se apoyó en la mía, caliente y suave.Tenía las mejillas sonrosadas. Nos abrigábamos.
No sé cuanto duró el momento. Mucho, probablemente. No lo suficiente, seguro. Después seguimos jugando, como siempre. Como nunca. Era de tarde cuando lo acompañé a la estación de nuevo.

'No sé por qué pero cada momento que vivimos juntos me quedó grabado', me dijo casi un año después, siglos después.
A mí también.






martes, 6 de mayo de 2014

Petit Mort

Piel, cuerpo, pelo suave.Cuerpo duro.
Tenía el tipo exacto que siempre me gustó y que ya había olvidado que me gustaba. Por lo general son rubios,aunque los rubios no me gustan, pero se da.El tipo exacto, decía, los ojos moros, la piel apenas caramelo,los rulos grandes y suaves. Tan suaves.La nariz partida.
Las manos,demasiado suaves. Me gustan con alguna aspereza. Músicos. Laburantes,en menor medida.
Pero no importaba, él lo compensaba empleando esas manos de un modo duro. Demasiado duro a veces, pero,ah, mirar esos ojos moros mientras lo hacía y dejar de sentir el dolor eran todo uno.
Por qué alguien inspira textos,dibujos, música? Por qué no inspira amor eterno o alguna de esas cosas de las que tanto se habla? Suelo estar del lado de la musa también. Supongo que es porque la escritura,el dibujo,la música,el arte en general, son reales,tangibles. Existen.El Deseo, así con mayúscula, también. El amor eterno? Lo dudo.
Uno siempre se topa con la otra persona. Sus deficiencias, pero por lo general sólo con su ser. 'Justo me toca una con personalidad propia', leí por ahí en estos días.Cada cual tiene un trip en el bocho, va a ser difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo.
Pero eso no importa ahora. Importa lo que pasó, importa el recuerdo de esa piel, o cuerpo,o voz.Lo que dejó. La marca,digámosle.
Unos marcarán más,otros menos. Otros decidimos que no nos marquen en absoluto. Pero los que sí decidimos que nos dejen algún recuerdo, lo mejor es darle forma de arte.Eso y algunas imágenes para tocarnos,claro.
Recordando tu expresión, vuelvo a desear.Esas noches de calor,llenas de ansiedad.
Sentir que te morís. Pero no de un modo suave. Sentir que la vida se te va,la desesperación por alcanzarla,y finalmente la fatalista aceptación del destino cruel.Con razón los franceses le dicen Le Petit Mort. En algunas cosas son capos, los franceses.Pensándolo bien,las imágenes mentales para tocarnos también son arte. Uno personal, íntimo e intransferible. Aunque lograra plasmarlo en una ilustración con precisión fotográfica, o encontrara las palabras para describirlo completamente, nunca se podría tener una idea cabal de lo que cada situación nos hizo sentir, no? Y está bueno,eso. Está bueno que haya cosas tan buenas que no se puedan describir. Como en la literatura de horror, que lo más terrorífico es siempre lo que no se muestra, sino lo que apenas se insinúa. Dürfen nicht gelesen werden, como dicen los alemanes. Da die toten reise schnell, agrego yo.Toten. Petit Mort. Todo encaja. Igual a como encajaba él adentro mío.No one ever gets as deep inside you, as i do baby, dijo Alice.
Pero no era solamente la encamada a lo bestia,no se vayan a creer. Era también esa intelectualidad tan difícil de encontrar que nos permitía por ejemplo hablar de Hume en la cama y terminar revolcándonos de nuevo. Encamándonos a lo bestia.  Ah, nada calienta más que un cerebro bien usado.Las mujeres tenemos el punto G en el oído. El que busque más abajo está perdiendo el tiempo.Y eso va tanto para la música como para las ideas.
Piel tibia, pelo suave, cuerpo duro.Manos brutas, ojos moros. Recordando tu expresión. Bed of nails.El polvo pendiente es lo que hace girar al mundo.Me voy a tocar un rato invocando imágenes paganas.
Buenas noches.




martes, 10 de diciembre de 2013

Noche de Brujas (Relato)

A pesar de que recién era 30 de octubre, el calor ya se anunciaba fuerte en el norte de Santa Fe.Los días se iban alargando y las tardes ya eran rojas.
En la pensión Continental los más viejos sacaban la silla a la vereda y tomaban mate con las tortas negras (enormes, redondas y rellenas de azúcar negra) que vendía un chico descalzo que pasaba por la calle de tierra. Don Arévalo sacaba la mecedora y cortaba una rama de uno de los sauces llorones que crecían al lado de la cuneta para espantarse los mosquitos.
Los más jóvenes se bañaban y perfumaban al caer el sol y salían a dar la vuelta al perro, a la plaza San Javier, a mirar y ser mirados.
Pero todos, viejos y jóvenes,coincidían en la curiosidad que les causaba la familia nueva que se había mudado a la piecita de la terraza.'Los porteños'.Los porteños venían de algún lugar del norte bonaerense así que no eran porteños técnicamente hablando, pero para los del pueblo cualquiera que viniera de Buenos Aires era porteño y se creía mejor que los demás. Eso seguro. Pero bueno,los porteños eran un matrimonio joven (los empleados de la fábrica de soda que compartían la pieza del primer piso miraban de reojo a la porteña cada vez que pasaba y se sonrojaban), con dos hijos,una nena rubia de unos 7 años y un bebé de menos de uno.
La nena desasosegaba a la mayoría. Tenía mucho pelo, muy lacio,muy largo y muy rubio (bueno, la mayoría de la gente del pueblo era rubia y de ojos claros,pero el pelo de esta nena era...raro).Y los ojos también eran raros.Muy grandes,muy claros, miraban muy fijo.
'Una nena chica que le sostenga la mirada así a un adulto no es normal' sentenciaba la tía Lucy mientras batía la crema a mano,los brazos gordos haciendo un shimmy hipnotizante.
Pero algo de razón tenía. La nena te miraba a los ojos, seria, inexpresiva como una vaca, y no bajaba la vista. Ni siquiera cuando Don Paco,que trabajaba antes de capataz para don Roberto en sus campos y que hacía temblar a los peones con sólo mirarlos fijo, hizo ningún efecto en la nena.Terminó bajando él la mirada, turbado.
'La niña del maíz', le había puesto de apodo la maestra jardinera de la planta baja,que había estudiado en Santo Tomé y 'era muy viajada'.Decía no sé qué de una película de unos nenes que estaban malditos.
'Entonces sí,deben parecerse a la mocosa ésta' resopló la tía Lucy,enmantecando un molde enorme.
La cosa es que a la nochecita del 30 de octubre, la porteñita salió con un cochecito de ésos paragüitas y un bebote adentro.El bebote era de esos grandes,que parecen un bebé de verdad,y estaba vestido con un enterito como los de los bebés de verdad.La nena empezó a golpear las puertas. 'Dulce o truco', decía cuando le abrían.
'Halloween', dijo la maestra jardinera.'Festeja Halloween. En Buenos Aires lo deben festejar, es una tradición estadounidence. Pero allá se disfrazan'.
'Sé lo que es el jalouín ese', se indignó Don Arévalo.'Lo festejan los porteños platudos,no la gente común como nosotro'.Ésos que viven en los cuntry', agregó asqueado.
'En los qúe??' chilló tía Lucy friendo tortas fritas.'Se va a quedar con las ganas la changuita ésa.Acá no usamos esas modas de porteños'.
'De americanos', corrigió la maestra jardinera.'Lo raro es que Halloween es el 31 de octubre. Mañana.'

'Chinita engréida' insistió la tía Lucy,que adoraba a los chicos y no hubiera tenido problemas en regalarle una de sus orgásmicas tortas, pero que si le venían con cosas raras no transaba.'Además,si no se disfraza es porque ni le hace falta,con esa cara.'

Todos reaccionaron igual.La canastita de la nena quedó vacía excepto por un chocolate que le dió uno de los muchachos de la sodería.La nena se retiró a su casa empujando el cochecito.

A la mañana siguiente la tía Lucy,al salir para el supermercado, encontró una pierna de goma clavada con un cuchillo en su puerta.
Era un Tramontina común y no estaba clavado con mucha fuerza, el pedazo de muñeco se cayó al piso en cuanto lo tocó con al punta de un dedo.Entonces vio la puerta de Don Arévalo.Tenía un bracito de muñeco clavado con un cuchillito igual al suyo.
Tía Lucy estacionó el chango de las compras con un resoplido y empezó a subir las escaleras. Todas las puertas tenían un pedazo de muñeco clavado.A la maestra jardinera le había tocado la cabeza,observó. Y era igual a la del bebote de la chinita ésa porteña engréida de la pieza grande de la terraza.

'ES la del bebote de la nena del maíz' dijo la maestra temblando cuando tía Lucy le mostró, y ahí la tía se dio cuenta de lo jovencita que era.

Don Paco no era nada jovencito pero también se quedó preocupado.' Todas las puertas tienen una parte,menos la de los pibes de la sodería y la de los porteños'.

Los pibes de la sodería también estaban nerviosos.' No sé por qué, si a ellos no les tocó nada' dijo con envidia la señora Ramona,la de la pieza del fondo.

'Pero si no es para cagarse en las patas,mierda' estalló la tía Lucy,sobresaltando a todos porque ella casi nunca decía malas palabras. 'Una travesura de la changuita ésa, nomás.Qué dulce, Jálogüin ni esa mierda. Porteños...'

Ante esto todos se dispersaron obedientemente y también obedientemente dejaron de preocuparse.

A la tardecita del otro día,31 de octubre, la nena salió otra vez, con su cochecito y su canastita colgada del brazo.Pero en el cochecito, en lugar del bebote, gorgeando y jugando con su propio pie que levantaba hasta alturas inverosímiles para un adulto, estaba su hermanito.La nena empujó el cochecito (le costaba un poco más,el hermanito era más pesado que el muñeco) hasta la primera puerta, la de la tía Lucy.Golpeó y la tía le abrió con las manos llenas de harina.

La nena la miró hacia arriba,con esos ojos raros y fijos.
'Dulce o truco', dijo.





miércoles, 11 de septiembre de 2013

Taylor Camp, la última fantasía hippie


Fue una utopía tropical frente al mar, sin reglas , política o facturas que pagar. Lucharon contra el stablishment hasta el final, la ropa era opcional y las decisiones se tomaban de acuerdo a las "vibraciones" . Era la fantasía del hippie.



Taylor camp se inició en la primavera de 1969 , con trece hippies que buscaban refugio de los disturbios universitarios en curso en los Estados Unidos y la brutalidad policial . Tras huir de sus hogares , se dirigieron a Kauai en Hawaii , una tierra muy remota y virgen con un solo semáforo en la isla.



"Nosotros participamos en el movimiento anti- guerra y Berkeley estaba listo para explotar. Era o tomar un arma o escapar " , recuerda Sandra Schaub , uno de los miembros fundadores de Taylor Camp junto con su esposo Víctor . " Así que decidimos partir hacia Europa y fue , 'Oh, qué diablos, nunca hemos estado en Hawai , sólo tendremos que ir a Hawai y luego a Asia y Europa. " No teníamos idea de lo que estábamos haciendo . "

Pobres , sin hogar y sin interés en vivir cualquier tipo de estilo de vida normal, no pasó mucho tiempo antes de que la tribu de hippies aterrizaran con sus hijos en la cárcel por vagancia . Pero Howard Taylor , el hermano de Eizabeth Taylor, que era un residente en la isla, los rescató y los invitó a vivir sin pagar alquiler en su tierra , uno de los lugares más hermosos de la isla donde la selva virgen dio paso a una bahía azul cristalino.



No había electricidad ni servicios de ningún tipo .Comenzaron a construir sus casas en los árboles frente a la playa con bambú , madera de desecho y materiales recuperados . Los campistas " flower power " vivían a cabo su sueño utópico sin restricciones y sin supervisión.




Vivían de la tierra (y los cupones de alimentos ocasionales) y pescaban; reclutaron a un médico y una partera. Los niños iban a la escuela y hasta iban al colegio en el autobús de la escuela después de que algunos campistas convencieron al conductor de incluir Taylor Camp en su ruta . La voz se corrió a lo largo y ancho y más hippies , surfistas y  veteranos de la guerra de Vietnam llegaron para iniciar una nueva vida en la comunidad..




En su apogeo, alrededor de 120 personas  vivían en la comunidad en 7 hectáreas .

" No necesitabamos TV , sabíamos claramente lo que estaba pasando ",  dice el ex campista Suzanne ' Bobo ' Rollin . " Teníamos a los veranos . Ellos habían regresado y estaban dañados . Se podría decir  la diferencia entre los chicos que habían servido y los chicos que no. Los chicos que no habían estado en Vietnam todavía podían sonreír y los chicos que sí , bueno, tuvimos que enseñarles a sonreír de nuevo " .

La marihuana y drogas psicodélicas fueron sin duda parte de la experiencia de vida para muchos residentes . Las hermanas Teri y Debbi Green , conocidas en el campamento como " Sin Sisters ", que ahora viven una vida normal en San Francisco , eran consumidoras habituales de LSD en Taylor Camp.

" Se necesitaba algún tipo de cordura centrada , una especie de enfoque , no sólo corriendo y golpeando tus bongós en la playa bajo la luna llena ", dice Teri . " Eso funcionó para algunas personas , eso es cierto. Pero uno tiene que empezar a ampliar su mente por su cuenta y se puede acelerar la expansión con LSD. Para mí el ácido era una herramienta , era un despertar espiritual , se utilizaba con un enfoque y un propósito ."


(En la foto : Teri y Debi Green)





La comunidad local de Hawai tenía opiniones encontradas de Taylor Camp. Algunos lo fueron aceptando y algunos , bueno, no .

" Taylor camp era bastante inocente, pero había un elemento duro.  Lo llamamos el " End of the Road ', el' Wild Wild West ' por las cosas malas que ocurrieron allí ocasionalmente. Algunos chicos entraron en Taylor camp bien entrada la noche , estábamos todos dormidos . De repente , justo afuera de mi ventana un tipo local dice: " Hey braddah ! " Pude ver los cañones gemelos de la escopeta pegada justo contra la pantalla, " Hey braddah , ¿tienes alguna droga ... " tontamente , se me cayó al el suelo y agarré una almohada grande , coloque la almohada delante de mí como si me protegerier de un arma de fuego , luego me levanté y tomé una pistola de grapas . En la penumbra levanté la pistola de grapas , agitando alrededor como si fuera una pistola, " Tengo una pistola aquí , lárgate de aquí! " Y por supuesto el hombre desapareció. "


Después de ocho años de vivir en una comunidad poco funcional sin normas o reglas , la historia de Taylor Camp llegó a su fin . Los hawaianos habían agotado SUpaciencia CON los hippies de la banda viviendo sin pagar alquiler en una de las zonas más bellas de la isla. Con la industria turística en auge , Taylor Camp era considerado una monstruosidad. Las quejas sobre la desnudez, las drogas , el saneamiento e incluso el robo se hicieron más y más fuertes , hasta que la suerte de los hippies  se acabó.



En 1977 , el Estado adquirió la propiedad .. El pueblo fue condenado a dar paso a la Pali State Park Na y los residentes fueron desalojados . Las autoridades prendieron fuego al campo para asegurarse de que no regresarían . En lugar del pueblo es hoy un aparcamiento turística con algunas mesas de picnic y baños públicos .


Cuatro décadas más tarde, el residente de la isla y ex campista John Wehrheim mostró las fotografías en blanco y negro que había tomado de la vida en el campamento de Taylor a algunos cineastas , Robert C. Stone y Thomas Vendetti . Conmovido por las imágenes, juntos, decidieron localizar a los campistas , sus vecinos y hasta los funcionarios del gobierno que finalmente se deshizo de ellos . En 2010 hicieron un documental.

Taylor Camp film trailer

 FUENTE: http://www.staradvertiser.com/features/20100627_Precious_paradise.html
FUENTE 2:  http://www.findingutopia.org/taylor-camp-products.html

domingo, 28 de julio de 2013

Adiós,mi niña (relato)

Fue muy frío el invierno en el que murió la Tía Abuela María.Por eso murió probablemente.La gripe y el frío.Muchos viejos mueren cada invierno.La tía era muy fuerte a pesar de sus 104 años,pero el invierno era crudo y la casa donde vivía sola y de donde se negó rotundamente a irse era helada.
Pasábamos los días con ella.En la cama,tapada hasta el mentón,la naricita apuntando al techo y los ojitos vivaces.Y el acento gallego,por supuesto.
Así estaba la tarde que le preguntamos por su madre.Ella se vino de Galicia a los 19 años y nunca la volvió a ver.
Ahora parece casi imposible imaginarse lo que era emigrar a principios del siglo XX. Imaginar un viaje de meses,pagado con el ahorro de años.Sin teléfono,sin chat,y la mayoría de las veces sin cartas porque alguna de las partes,o ambas,eran analfabetas.La gente se iba de su país a otro desconocido,en otro continente,en otro hemisferio,al otro extremo del mundo,sabiendo que lo más probable era no volver a saber de sus afectos nunca más.Es demasiado cruel como para imaginarlo hoy en día.Pero el hambre era más cruel.Y la guerra,cuando vino después de la partida de la Tía, más cruel todavía.Es el mismo hambre,pero con bombas.
Así que la tía se vino a la Argentina.Su madre la acompañó un trecho por el bosque celta de la aldea.La ayudaba con la valija.Llegadas a lo alto de un monte,María seguía hasta el puerto y la madre volvía a su pueblo,a su casa de piedras.
Así nos contó esa tarde,en la cama, tapada hasta el mentón.
Se despidieron,María agarró la valija y empezó a bajar la pendiente mientras la madre saludaba con la mano. A medida que la chica se alejaba,la madre empezaba a subir la voz.
'Adiós,María,adiós'
'Adiós, María, mi niña,adiós,mi niña'
En un momento la madre empezó a bajar corriendo la cuesta,llorando.
'Adiós,mi niña,adiós.'
En un momento la madre dejó de correr y la dejó ir.

Eso nos contó la Tía esa tarde helada y oscura de invierno.
A la mañana siguiente amaneció muerta.

La gata enorme y gorda que había aparecido de la nada y que había pasado las últimas semanas con ella se quedó hasta que llegaron todos los familiares y la ambulancia se llevó a la Tía,tapada con una sábana hasta arriba.Cuando la ambulancia arrancó,la gata se fue y nunca volvió.

Creo que es obvio para cualquiera que esa noche María tenía 19 años otra vez y esperó a que su madre bajara la cuesta y se fueron juntas,abrazadas por la cintura,por el bosque celta de la aldea,entre encinas y cruces de piedra.

Adiós,mi niña.

Familia italiana buscando su equipaje perdido en Ellis Island, New York, 1905.
Foto de Lewis W. Hine.

viernes, 21 de junio de 2013

Ella (relato)

Es morocha,muy morocha.Cara de india,el pelo muy largo,negro y lacio.Boca gruesa.Es muy linda.Sensual.Llama la atención,la siguen todas las miradas.
Cuando la veo sola es evidente que va a trabajar.Se nota en ese cierto apuro,el bolso al hombro,los ojos almendrados oteando en busca del colectivo lejano.
Cuando no va a trabajar va con la madre.
Y eso es lo que me hace sentir esa incomodidad.
Eso y la mirada inmensamente triste que tenía anoche en el colectivo.
Suena feo,lo sé.No tiene nada de malo ir con la madre.La tristeza puede ser por cualquier cosa (aunque por lo general,sea prejuicio o no,en una mujer la tristeza siempre va asociada de algún modo a un hombre que no la quiere).Sé que puede ser una situación normal en una vida normal,y eso es lo que me frena en mis ganas (no,ganas no...necesidad) de hablarle.
Pero estoy casi segura.No es una situación normal.O a lo mejor sí es normal,pero no es sana.

Terminé de convencerme la mañana temprano cuando íbamos al colegio y estaba la ambulancia atendiendo a la madre en la vereda.Que no era nada grave se notaba en la actitud relajada de los paramédicos.Pero la mujer mayor,extendida en la vereda sucia,su pose dramática,los ojos acorralados de la hija.La mirada inmensamente triste del colectivo días después.
Pienso que debería animarme y hablarle un día.No creo que me anime.Pero sé que debería hacerlo.Estoy casi segura de que debería.
Decirle 'Ya sé que no nos conocemos,pero sé lo que te pasa por que me pasó a mí.No la dejes que te esclavice.Ella puede sola.Es fuerte,sé que puede sola.Viví tu vida.Escapá,si es necesario.Escapá antes de que sea demasiado tarde,escapá antes de tener hijos con un hombre que sea igual a Ella y que los quiera sólo porque son un medio de atarte.Y que te quiera sólo porque le gusta la idea de poseerte.Ella también quiere poseerte.Te posee. Escapá,sos joven,tenés mucho tiempo,pero tenés que ser fuerte y ponerte firme.Ella puede sola. Escapá. Después puede ser tarde,después tenés dos vidas que son un milagro que dependen en todo de vos,y vos no vas a poder contar con Ella.No te va a ayudar,lo sé.Nadie lo va a hacer,porque le dedicaste tu vida  a Ella,y no tenés amigos.Y vas a tener que luchar sola contra todas las tormentas,esperando el día en que al final vas a juntar la fuerza suficiente para decirle que basta,que ya está,que tenés dos hijas y las cuidás sola y las mantenés sola y que sos una mujer y que no le debés nada a nadie,no,a nadie,ni siquiera a Ella con su supuesto sacrificio y todo su sufrimiento. Escapá. No es imposible.Va a ser difícil,pero vas a tener una vida para vos. Vas a tener un lugar,tus libros,tu música,amigas,salidas,lo que sea que te haga bien.Tu autoestima,el peinado que querés,la ropa que te gusta. Nadie rebajándote sutilmente.Nunca más el miedo a no ser lo suficientemente buena .Escapá.Te ayudo en lo que necesites,pero escapá.'

Si supiera que aunque fuera la voy a hacer pensar,que por lo menos va a barajar la posibilidad,sé que me animaría y le diría todo esto,a riesgo de que piense que estoy loca,a riesgo de que me insulte a los gritos.Pero sé que ella es como yo,y que vive un la misma situación en la que viví casi toda mi vida,así que no,no me insultaría.Porque yo no lo habría hecho.

No sé,quizás algún día me anime y le hable.
.

martes, 6 de noviembre de 2012

El Ermitaño


"La Luz del Mundo",por William Holman Hunt.(Izquierda).La baraja Ermitaño, la carta 9 del Tarot (Medio)
Arte interno de Led Zeppelin IV (Derecha)

Entrevista a Jimmy Page en  la revista Guitar World, enero de 2008:

Guitar World: ¿Podríamos hablar un poco sobre el significado detrás de la secuencia en The Song Remains The Same ?
Page : Para mí, el significado es muy claro, ¿no?
GW: Bueno, me parece interesante que elegiste representarte a vos mismo como un ermitaño en una época en que eras realmente una figura pública.
Page: Bueno, yo era hermético. Yo estaba involucrado en las artes herméticas, pero yo no era un recluso. O tal vez fue ... La imagen del ermitaño que se utilizó para el arte en Led Zeppelin IV y en la película en realidad tiene su origen en una pintura de Cristo llamado La Luz de la Humanidad por el pre-Rafaelita  William Holman Hunt. La imagen fue trasladada posteriormente al Waite Tarot (la baraja de tarot más popular en uso en el mundo de habla inglesa). Mi segmento se suponía que era el aspirante que va al faro de la verdad, la cual está representada por el ermitaño y su viaje hacia ella. Lo que yo estaba tratando de decir a través de la transformación era que la iluminación se puede lograr en cualquier punto en el tiempo, que sólo depende de cuando se quiere acceder a él. En otras palabras, vos siempre podés ver la verdad, pero no la reconocés cuando la ves ,o a veces tenés que reflexionar sobre eso más tarde...

GW:Siempre ha habido un cierto grado de especulación acerca de tus estudios ocultos. Puede haber sido sutil, pero no se  lo oculta realmente.
Page: yo estaba viviendo. Eso es todo lo que hay que hacer. Era mi vida : la fusión de la magia y la música.
GW: El uso de símbolos era muy avanzada. Los símbolos de los poderes ocultos en Led Zeppelin IV y el bordado en la ropa de tu etapa de ese período de tiempo, son buenos ejemplos de cómo dejaste tu huella en la cultura popular. Es algo que las grandes empresas están persiguiendo agresivamente estos días: el uso de símbolos como una forma de calificar.
Page: Te referís a la magia talismán? Sí, yo sabía lo que estaba haciendo. No tiene sentido decir mucho al respecto, ya que cuanto más lo discuta, más excéntrico parece.. Pero el hecho es que - en la medida que a mí respecta -  estaba trabajando, así que lo utilicé. Pero en realidad no es diferente de las personas que usan cintas alrededor de sus muñecas: es un enfoque talismán para algo. Pero dejame cambiar lo que dije: no es exactamente lo mismo, pero es en el mismo reino. Voy a dejar este asunto al decir que los cuatro elementos de la música de Led Zeppelin haciendo, un quinto elemento,es la magia en sí misma. Ése es el proceso alquímico.


"El Ermitaño busca y reparte sabiduría.Habiendo encontrado la realización interior,ha sido iluminado,y su luz guía a los demás en el camino.Pero el precio de la realización es que el mundo ahora le parece pálido,gris y sin importancia.El camino a la paz y el conocimiento es peligroso;para alcanzar la luz es necesaria una gran confianza en sí mismo."
      The Complete Guide of the Tarot,Eden Gray.


"




domingo, 12 de agosto de 2012

Vanka,de Anton Chéjov (relato del Día del Niño)

Vanka Chukov, un muchacho de nueve años, a quien habían colocado hacía tres meses en casa del zapatero Alojin para que aprendiese el oficio, no se acostó la noche de Navidad.
      Cuando los amos y los oficiales se fueron, cerca de las doce, a la iglesia para asistir a la misa del Gallo, cogió del armario un frasco de tinta y un portaplumas con una pluma enrobinada, y, colocando ante él una hoja muy arrugada de papel, se dispuso a escribir.
      Antes de empezar dirigió a la puerta una mirada, en la que se pintaba el temor de ser sorprendido, miró al icono obscuro del rincón y exhaló un largo suspiro.
      El papel se hallaba sobre un banco, ante el cual estaba él de rodillas.
      «Querido abuelo Constantino Makarich —escribió—: Soy yo quien te escribe. Te felicito con motivo de las Navidades y le pido a Dios que te colme de venturas. No tengo papá ni mamá; sólo te tengo a ti...
      Vanka miró a la obscura ventana, en cuyos cristales se reflejaba da bujía, y se imaginó a su abuelo Constantino Makarich, empleado a la sazón como guardia nocturno en casa de los señores Chivarev. Era un viejecillo enjuto y vivo, siempre risueño y con ojos de bebedor. Tenía sesenta y cinco años. Durante el día dormía en la cocina o bromeaba con los cocineros, y por la noche se paseaba, envuelto en una amplia pelliza, en torno de la finca, y golpeaba de vez en cuando con un bastoncillo una pequeña, plancha cuadrada, para dar fe de que no dormía y atemorizar a los ladrones. Acompañábanle dos perros: Canelo y Serpiente. Este último se merecía su nombre: era largo de cuerpo y muy astuto, y siempre parecía ocultar malas intenciones; aunque miraba a todo el mundo con ojos acariciadores, no le inspiraba a nadie confianza. Se adivinaba, bajo aquella máscara de cariño, una perfidia jesuítica.
      Le gustaba acercarse a la gente con suavidad, sin ser notado, y morderla en las pantorrillas. Con frecuencia robaba pollos de casa de los campesinos. Le pegaban grandes palizas; dos veces había estado a punto de morir ahorcado; pero siempre salía con vida de los más apurados trances y resucitaba cuando le tenían ya por muerto.
      En aquel momento, el abuelo de Vanka estaría, de fijo, a la puerta, y mirando las ventanas iluminadas de la iglesia, embromaría a los cocineros y a las criadas, frotándose las manos para calentarse. Riendo con risita senil les daría vaya a las mujeres.
      —¿Quiere usted un polvito? —es preguntaría, acercándoles la tabaquera a la nariz.
      Las mujeres estornudarían. El viejo, regocijadísimo, prorrumpiría en carcajadas y se apretaría con ambas manos los ijares.
      Luego les ofrecería un polvito a los perros. El Canelo estornudaría, sacudiría la cabeza, y, con el gesto huraño de un señor ofendido en su dignidad, se marcharía. El Serpiente, hipócrita, ocultando siempre sus verdaderos sentimientos, no estornudaría y menearía el rabo.
      El tiempo sería soberbio. Habría una gran calma en la atmósfera, límpida y fresca. A pesar de la obscuridad de la noche, se vería toda la aldea con sus tejados blancos, el humo de las chimeneas, los árboles plateados por la escarcha, los montones de nieve. En el cielo, miles de estrellas parecerían hacerle alegres guiños a la Tierra. La Vía Láctea se distinguiría muy bien, como si, con motivo de la fiesta, la hubieran lavado y frotado con nieve...
      Vanka, imaginándose todo esto, suspiraba.
      Tomó de nuevo la pluma y continuó escribiendo:
      «Ayer me pegaron. El maestro me cogió por los pelos y me dio unos cuantos correazos por haberme dormido arrullando a su nene. El otro día la maestra me mandó destripar una sardina, y yo, en vez de empezar por la cabeza, empecé por la cola; entonces la maestra cogió la sardina y me dio en la cara con ella. Los otros aprendices, como son mayores que yo, me mortifican, me mandan por vodka a la taberna y me hacen robarle pepinos a la maestra, que, cuando se entera, me sacude el polvo. Casi siempre tengo hambre. Por la mañana me dan un mendrugo de pan; para comer, unas gachas de alforfón; para cenar, otro mendrugo de pan. Nunca me dan otra cosa, ni siquiera una taza de té. Duermo en el portal y paso mucho frío; además, tengo que arrullar al nene, que no me deja dormir con sus gritos... Abuelito: sé bueno, sácame de aquí, que no puedo soportar esta vida. Te saludo con mucho respeto y te prometo pedirle siempre a Dios por ti. Si no me sacas de aquí me moriré.»
      Vanka hizo un puchero, se frotó los ojos con el puño y no pudo reprimir un sollozo.
      «Te seré todo lo útil que pueda —continuó momentos después—. Rogaré por ti, y si no estás contento conmigo puedes pegarme todo lo que quieras. Buscaré trabajo, guardaré el rebaño. Abuelito: te ruego que me saques de aquí si no quieres que me muera. Yo escaparía y me iría a la aldea contigo; pero no tengo botas, y hace demasiado frío para ir descalzo. Cuando sea mayor te mantendré con mi trabajo y no permitiré que nadie te ofenda. Y cuando te mueras, le rogaré a Dios por el descanso de tu alma, como le ruego ahora por el alma de mi madre.
      «Moscú es una ciudad muy grande. Hay muchos palacios, muchos caballos, pero ni una oveja. También hay perros, pero no son como los de la aldea: no muerden y casi no ladran. He visto en una tienda una caña de pescar con un anzuelo tan hermoso, que se podrían pescar con ella los peces más grandes. Se venden también en las tiendas escopetas de primer orden, como la de tu señor. Deben costar muy caras, lo menos cien rublos cada una. En las carnicerías venden perdices, liebres, conejos, y no se sabe dónde los cazan.
      «Abuelito: cuando enciendan en casa de los señores el árbol de Navidad, coge para mí una nuez dorada y escóndela bien. Luego, cuando yo vaya, me la darás. Pídesela a la señorita Olga Ignatievna; dile que es para Vanka. Verás cómo te la da.»

      Vanka suspira otra vez y se queda mirando a la ventana. Recuerda que todos los años, en vísperas de la fiesta, cuando había que buscar un árbol de Navidad para los señores, iba él al bosque con su abuelo. ¡Dios mío, qué encanto! El frío le ponía rojas las mejillas; pero a él no le importaba. El abuelo, antes de derribar el árbol escogido, encendía la pipa y decía algunas chirigotas acerca de la nariz helada de Vanka. Jóvenes abetos, cubiertos de escarcha, parecían, en su inmovilidad, esperar el hachazo que sobre uno de ellos debía descargar la mano del abuelo. De pronto, saltando por encima de los montones de nieve, aparecía una liebre en precipitada carrera. El abuelo, al verla, daba muestras de gran agitación y, agachándose, gritaba:
      —¡Atrápala!¡Atrápala! ¡Ah, diablo!
      Luego el abuelo derribaba un abeto, y entre los dos le trasladaban a la casa señorial. Allí, el árbol era preparado para la fiesta. La señorita Olga Ignatievna ponía mayor entusiasmo que nadie en este trabajo. Vanka la quería mucho. Cuando aún vivía su madre y servía en casa de los señores, Olga Ignatievna le daba bombones y le enseñaba a leer, a escribir, a contar de uno a ciento y hasta a bailar. Pero, muerta su madre, el huérfano Vanka pasó a formar parte de la servidumbre culinaria, con su abuelo, y luego fue enviado a Moscú, a casa del zapatero Alajin, para que aprendiese el oficio...
      «¡Ven, abuelito, ven! —continuó escribiendo, tras una corta reflexión, el muchacho—. En nombre de Nuestro Señor te suplico que me saques de aquí. Ten piedad del pobrecito huérfano. Todo el mundo me pega, se burla de mí, me insulta. Y, además, siempre tengo hambre. Y, además, me aburro atrozmente y no hago más que llorar. Anteayer, el ama me dio un pescozón tan fuerte, que me caí y estuve un rato sin poder levantarme. Esto no es vivir; los perros viven mejor que yo... Recuerdos a la cocinera Alena, al cochero Egorka y a todos nuestros amigos de la aldea. Mi acordeón guárdale bien y no se lo dejes a nadie. Sin más, sabes te quiere tu nieto
Vanka Chukov.
      Ven en seguida, abuelito.»

      Vanka plegó en cuatro dobleces la hoja de papel y la metió en un sobre que había comprado el día anterior. Luego, meditó un poco y escribió en el sobre la siguiente dirección:
      «En la aldea, a mi abuelo.»
      Tras una nueva meditación, añadió:
      «Constantino Makarich.»
      Congratulándose de haber escrito la carta sin que nadie se lo estorbase se puso la gorra, y, sin otro abrigo, corrió a la calle.
      El dependiente de la carnicería, a quien aquella tarde le había preguntado, le había dicho que las cartas debían echarse a los buzones, de donde las recogían para llevarlas en troika a través del mundo entero.
      Vanka echó su preciosa epístola en el buzón más próximo...
      Una hora después dormía, con la boca torcida por una sonrisa y los puñitos apretados...
      Vio en sueños la cálida estufa aldeana. Sentado en ella, su abuelo les leía a las cocineras la carta de Vanka. El perro Serpiente se paseaba en torno de la estufa y  movía la cola...

miércoles, 8 de agosto de 2012

El Elixir de Buffalo Bill



En el siglo XVIII, la colonia de Massachusetts pagaba cien libras esterlinas por cada cuero cabelludo arrancado a un indio.
Cuando los Estados Unidos conquistaron su independencia,los cueros cabelludos ("scalps") se cotizaron en dólares.
En el siglo XIX Buffalo Bill Cody se consagró como el mayor desollador de indios y el gran exterminador de búfalos que le dieron fama y renombre.
Cuando los 70.000.000 de búfalos habían sido reducidos a menos de 1.000 y los últimos indios rebeldes se habían rendido por hambre,Buffalo Bill paseó por el mundo su gran espectáculo,el Wild West Circus.A un ritmo de una ciudad cada dos días,él rescataba diligencias acosadas por salvajes,cabalgaba potros indomables y disparaba balazos que partían a una mosca por la mitad.Jinetes de todo el mundo participaban del show : indios,beduinos,cosacos,hasta gauchos argentinos.

Buffalo Bill Cody y su troupe.

"The South American Gauchos"


El héroe interrumpió su show para pasar con su familia la primera Navidad del siglo XX.
Rodeado por los suyos,en el calor del hogar,alzó la copa,brindó,bebió y cayó fulminado al suelo.
En la demanda de divorcio,acusó de envenenamiento a su esposa Lulú.

Ella confesó que le había metido algo en el trago,pero dijo que era un elixir de amor,marca Sangre de Dragón,que un gitano le había vendido....