jueves, 13 de enero de 2011

La Casona de los Leones

Palacio Díaz Vélez o La Casona de los Leones, Avenida Montes de Oca al100 - Barrio de Barracas.

Para el que pasa y entra atravesando por una de las arcadas deslucidas sin portones es fácil e inmediato visualizar la  poco común escultura: un león con sus fauces abiertas mordiendo, con una de sus patas de garras clavadas sobre la cabeza de un hombre ya vencido.
Eustoquio Díaz Vélez (h), hijo del General Eustoquio Díaz Vélez (1782-1856), prócer de la Independencia Argentina, Mayor General de las batallas de Tucumán y Salta,  tuvo tres hijos: dos mujeres y un varón. Eustoquio, el menor, era un hombre acaudalado, terrateniente y uno de los más grandes estancieros de la Provincia de Buenos Aires de fines de siglo XIX , individuo terriblemente obsesionado por los felinos, especialmente por los leones, luego de conocerlos en su “hábitat” natural, con motivo de un extenso viaje con su esposa Doña Josefa (en1905/06) por Egipto, Etiopia y Congo Belga en el continente africano.
Su admiración por estos felinos llegó a tal extremo que al tener la oportunidad hizo traer en agosto de 1908 especialmente de Europa dos ejemplares africanos ,un macho y una hembra relativamente jóvenes que ya habían sido semi domesticados por el domador gitano de un desvencijado y decadente Circo Polonés llamado “Grand Warsw” que se encontraba en la bancarrota y a la deriva en Portugal.

El cuidado y alimentación de las fieras en la bodega del barco durante ese largo viaje  recayó en un viejo mulato originario de la Colonia Portuguesa de Mozambique llamado Aroldo Silva Reis que en su juventud había participado en varias expediciones y safaris de caza mayor con el famoso cazador de leones y elefantes Coronel Antonio Carvalho de Oliveira,que fuera el legendario jefe y compañero inseparable de las cacerías del Káiser Guillermo III, Emperador de Alemania por tierras africanas. Luego de cumplir su contrato por el traslado de los felinos se afincó en el Barrio del Abasto, Buenos Aires, trabajando a las órdenes de Don Eustoquio y sus leones hasta el trágico desenlace familiar; luego dicen que fue a trabajar como encargado al Zoológico de Palermo.
Aún hoy se lo recuerda a Aroldo Silva Reis en las folclóricas y pintorescas crónicas porteñas del 1920 como un sujeto aficionado al Ron y al tango pero extremadamente peligroso y pendenciero, mas conocido como” el negro Portugués” o “el negro de los leones”.
Don Eustoquio bautizó con los nombres de Nero y Livia a los animales en honor de la famosa inscripción en  piedra existente en uno de los famosos “fossus” para bestias y gladiadores del Coliseo de Roma. De un modo extravagante y peligroso mantenía sueltos estas fieras africanas como exóticas mascotas bien alimentadas en el extenso  parque del palacio, siendo en determinadas ocasiones encerradas por su cuidador Silva Reis en los amplios jaulones o leoneras que especialmente mandó construir.
Los restos ruinosos de la mesada donde se trozaban las reses equinas (de caballos viejos que especialmente traían de sus estancias) para su alimento y las extrañas jaulas de material y hierro forjado todavía están en el parque comunicadas con la  casa por una escalera exterior, que también se conserva y ha resistido el paso del tiempo.
Hace un tiempo un anticuario del Barrio de San Telmo mostraba en su vidriera un gran candado de bronce muy antiguo y deteriorado por el uso y el tiempo con una etiqueta que rezaba: “Candado de las jaulas del Palacio Díaz Vélez-1909”.


En el año 1911  la hija del estanciero, María Mathilde , decide  contraer matrimonio con Juan Aristóbulo Pittamiglio, un joven de familia originaria de Italia que habían prosperado como productores ganaderos en Uruguay, para lo cual se organiza una fastuosa y elegante fiesta de compromiso en la mansión de estilo afrancesado que aún hoy podemos admirar sobre la Avenida Montes de Oca al 100 a pesar de su decadente estado.
Mientras los numerosos invitados y la familia entera festejaban ,misteriosamente, quizás debido a una situación inusual de la casa, o a la desaprensión de un inexperto sirviente, Nero, el macho de los felinos excitado consigue escapar  de su jaula y acaba de manera feroz y sangrienta con la vida del flamante novio al intentar éste atrapar  al animal con una red.

Ante esta tragedia , días después, la muchacha se suicida una noche de domingo (luego de asistir una misa en la Iglesia de Santa Felicitas) tragando una tableta de cianuro con licor de Anís. Los diarios de la época imprimieron la  noticia varios días consecutivos .
Existe una versión no confirmada en la cual Aristóbulo mantenía una relación secreta  pero muy común en esos años con una joven cocinera de esta casa, que ante el inminente casamiento de su amante, motivada por el despecho, libera  esa noche de fiesta al león con la intención de arruinar la reunión y el compromiso. El león, muy asustado, alterado por la música de la orquesta, enceguecido por las luces,comienza  a amenazar con fuertes rugidos y zarpazos  a los invitados que se encontraban en ese momento en el jardín; allí el novio acude en auxilio de sus amistades que a los gritos huyen hacia el interior de la casona en busca de protección o refugio, (entre las cuales se encontraba el Barón Adam Folknner que luego relatará en sus memorias de sus viajes publicadas (en alemán) en Bavaria en 1939 , esta anécdota ).


La  casona , luego del fallecimiento de su dueño en 1927 ,queda en manos de su hermana Eugenia Díaz Vélez, luego de su hijo Carlos Díaz Vélez hasta el año 1930, época en que es vendida por su viuda Maria Escalada pasando la propiedad a manos de la Casa Cuna.
Cuenta la leyenda y algunos de los que la habitaron, que por las noches dentro de la casona se escuchan sollozos, llantos y gritos; otros han sentido alguna especie de sonidos extraños como rugidos o de lucha animal, los más sensitivos frío, angustia, sombras fugaces y silenciosos deslices de garras sobre el entablonado de los pisos. Pero todos coinciden que el espíritu doliente de Mathilde omnipresente aun recorre las antiguas habitaciones y el de Aristóbulo y Nero el león, los descuidados, sombríos y opacos jardines.
Don Eustoquio  luego de esto se deshace de los felinos; el que había probado sangre humana fue sacrificado por su propia mano de un  escopetazo en la cabeza.Su cuerpo, según  trascendido de un antiguo jardinero de origen japonés conocido por Kimura o Kimuro (el negro Aroldo jamás abrió su boca sobre el tema), fue enterrado en un escondido y secreto sector del predio y su hembra compañera Livia retornó gratuitamente a la sacrificada vida de un circo itinerante de aquella época llamado “Circo Gran Atlas”, que la anunciaba en sus recorridas por los pueblos del interior del país en sus panfletos de propaganda  como la “salvaje e indómita leona devoradora de hombres”.
Sin embargo, su enfermiza y obsesiva atracción por estas fieras continuó constante, tan fuerte que mandó a un artesano vaciar en argamasa varias cabezas de felinos colocándolas  sobre los arcos de los portones de entrada de su mansión; también hizo ejecutar varias esculturas alusivas (por el Constructor E.D.Trotti y Cia.) localizándolas en sitios donde seguramente ocurrieron los hechos destacándolas de la vegetación .



Hoy, la mansión es sede de Vitra (Fun­dación para la Vivienda y Trabajo del Lisia­do Grave), un centro de rehabilitación, y úni­ca sede de escuela primaria y secundaria de toda la Argentina para discapacitados moto­res. Los únicos felinos que pueden verse por el jardín son primos de aquellos que aterra­ban a los vecinos y visitantes del palacio: de­cenas de gatos merodean por el jardín, cerca de las imponentes estatuas de los leones.




Histórica Leyenda urbana recopilada y rescatada de diversos archivos bibliográficos por el estudioso gallego Dr. Manuel Vasco da Fonseca en su libro “Crónicas Absurdas de Buenos Aires” Cap. III, págs. 249 - 256 – Ed. Saritnem - Vigo-España 2º Edición - 1987.
Fotografías por Arquiras - Arq. Rafael A. Sotomayor - 2007/2008.

Biblioteca Ilustrada : Drácula








Editorial OMGSA S.A.,México,1983

(Click en las imágenes para ampliar)

miércoles, 12 de enero de 2011

El Familiar

Aguilares,Tucumán.


Ruinas,diversas ruinas.El ingenio Santa Ana llegó a ser uno de los más grandes de Latinoamérica y ahora es ruinas pobres, pero queda este parque,palmeras, pérgolas, orquídeas ,un lago: cuentan que su dueño,el francés Hileret, lo hizo hacer para su hija. Queda,dicen,también, perdida, aquella red de túneles que iban desde su mansión hasta el ingenio o hasta la famosa Casa de Piedra, el burdel lleno de compatriotas donde solía agasajar a sus amigos.Y queda, sobre todo,el Familiar.

(...)El ingenio no era fácil de controlar. 2000 peones con machetes debían obedecer a 30 o 40 capataces,sus armas y sus perros.Parece que fue entonces cuando Hileret inventó el Familiar.
Vista aérea del ingenio

Los peones comían juntos todos los días todas las semanas el locro que les daba la empresa.Les daban lo justo para tenerlos bajo control,poco menos que hambreados.La primera huelga azucarera no fue por mejores sueldos:fue para cobrar con mercaderías que les dieran la libertad de prepararse su propia comida.Cuesta hoy en día imaginar cómo debe ser trabajar hasta el desmayo y comer siempre lo mismo,día tras día,mes tras mes,año tras año.

El Familiar era el cobrador del Diablo.Hileret difundió, como rumor, la historia de que su éxito económico fue el resultado de un pacto con Satanás: a cambio de su protección,debía entregarle cada año por lo menos un peón.El Familiar-un gran perro que vivía en el sótano de la casa principal y salía en las noches de luna llena arrastrando cadenas-se lo comía.

Los peones estaban atados de por vida por sus deudas,entonces la única forma de dejar el ingenio era fugarse.Para eso se crea el mito:que el Familiar hace desaparecer-esa es la palabra que usaban-al peón mas rebelde.

(...)Una vez un viejo peón me dijo que todo el pueblo sabía de antemano quiénes eran los que iban a ser chupados por el Familiar. Los mismos capataces hacían correr la voz,y todos lo sabían menos él : todos lo miraban como el futuro muerto,el futuro desaparecido.(...)En los años 80 todavía encontré gente que había visto al Familiar,que lo describía con detalle: cómo era la cara,cómo arrastraba las cadenas.Y cuando vino la CONADEP ( comisión para la investigación de la desaparición de personas),en 1985,descubrió en el sótano del ingenio,donde supuestamente vivía el Familiar,una sala de torturas de la dictadura."

Trabajadores del ingenio a principios del S. XX

Martín Caparrós,"El Interior",diario de viaje.

lunes, 10 de enero de 2011

El Hombre Bestia,primer film fantástico argentino.

El cine fantástico argentino no empieza, tal como dicen los libros de historia, en 1942 con Narciso Ibañez Menta y ""Una luz en la ventana" de Manuel Romero. Su piedra fundamental hay que ubicarla en la década anterior, con una película filmada lejos de Buenos Aires y, por ende, fuera del sistema de los grandes estudios criollos.
 En las décadas del ´10 y el ´20 hacer cine en Sudamérica era una aventura. Algunos locos se largaban con precarios equipos a hacer cintas mudas, que eran mal estrenadas en salas improvisadas.
A comienzos de los´30 la llegada del cine sonoro implanta la idea de que puede ser viable hacer un cine con figuras locales –surgidas del teatro o de la radio– que produzcan éxitos como las estrellas del cine norteamericano. Por esos años se fundan en Buenos Aires dos grandes productoras, Argentina Sono Film y Lumiton. Con "Tango!" y" Los tres berretines", ambas de 1933, se declara oficialmente iniciado el "Cine Sonoro Argentino".
Lo que se conoce poco y nada es el desarrollo cinematográfico del interior del país. Por ejemplo, en aquellos años había una interesante producción cinematográfica realizándose en Rosario. Por supuesto, estas películas difícilmente llegaban a la Capital y los historiadores las ignoraron sistemáticamente.
Entre estas películas olvidadas hubo una llamada" El Hombre Bestia" o "Las aventuras del capitán Richard", de la cual se conocían algunas pocas referencias a partir de unos recortes periodísticos. La misma no figura ni en los libros de historia, ni en las enciclopedias, diccionarios o bases de datos del cine local. Del mismo sólo se sabía que era un film de una temática aventurera, hecho en los precarios comienzos del cine sonoro.

La cinta estuvo perdida durante décadas, hasta que se la recuperó por casualidad.
La conservación de películas en Argentina es un desastre. La mayor parte del patrimonio cinematográfico ya no está en su soporte fílmico original y un porcentaje significativo no se conserva en ningún formato.
En ese contexto, las posibilidades de encontrar aquella película de simpático nombre que figuraba en los recortes, eran desesperadamente mínimas. Sin embargo, siempre hay márgen para lo milagroso.
Hace pocos años un hombre oriundo de San Nicolás apareció en la casa del coleccionista rosarino Jorge Debiazzi, porque tenía unas latas de una película donde aparentemente aparecía su padre. Quería bajarlas a un video para poder verlas con los parientes. Pero lo que aparentaba una película familar resultó ser una copia, posiblemente la única existente, de El Hombre Bestia. Era una cinta 35mm de nitrato, un material altamente combustible. Una mala manipulación podría significar su destrucción o incluso un pequeño incendio. Recordemos lo que hizo Bart Simpson con la primer película de Izzy & Scratchy.
Como sea, con sumo cuidado logró bajarse a video. No es un material noble como para pensar en su conservación, pero al menos permite su visionado sin exponer a un riesgo físico a la película o al espectador.
La película se vió en el Cineclub Rosario recién en el año 2002 y en 2003 se estrenó en la capital en el marco del festival Buenos Aires Rojo Sangre, a setenta años de su presentación original.

La primera impresión al ver El Hombre Bestia es que el film aparece como híbrido entre el cine sonoro y el mudo, ya que mas allá de tener diálogos y música mantiene los intertítulos al iniciar cada escena. La alegría por presentar voces se muestra desde el increíble arranque de los títulos, con un pastoso locutor presentado a cada uno de los actores, mientras éstos saludan desde la pantalla.
El argumento es desopilante. Tenemos un joven y apuesto piloto de la fuerza aérea norteamericana –el Capitán Richard– que sufre un accidente con su avión y cae en la selva. El tipo se convierte, sin mayores explicaciones, en un salvaje hombre peludo que pasa las tardes luchando con peligrosas alimañas. Doce años después aparece por ahí otro avión. Como se sabe, pilotear aviones es como andar en bicicleta: nunca se olvida. Así Richard le roba el avión a su compadre y remonta vuelo, peludo, semidesnudo y gruñendo. Logra escapar de la jungla para caer en un lugar peor: aterriza justo en la casa de un diabólico científico loco; el Doctor Marchessi, quien le aplica una fórmula que lo convierte en un monstruo "perseguidor de doncellas" (¡sic!) . El hombre bestia rapta a una serie de señoritas y se las lleva a una cueva.

Obviamente los pobladores se enardecen y salen a buscarlo, lo que precipita un final tan increíble como inenarrable.  Antes del happyend de rigor, la película nos alegra con una explícita "operación al cráneo" para intentar curar al pobre Richard.
El Hombre Bestia fue rodada en exteriores en las afueras de Rosario. Algunas pocas escenas en los estudios de la productora Prince Film. Se hizo con el sistema Movietone, que incorporaba el sonido en una banda paralela a la imagen, a diferencia de otro sistema de la época como el Vitaphone (el de The Jazz Singer), que reproducía el sonido en discos de pasta, con los consecuentes problemas de sincronización.
La cinta tiene un sonido tosco, con doblajes aún peores que los de las películas de Armando Bo ( y eso ya es decir mucho,eh). La banda sonora es imposible, superponiendo alegres valses vieneses a las escenas más dramáticas. Gran parte de estos problemas son justificables por la precariedad técnica y por que en Argentina aún no estaba demasiado claro el concepto de sonorización de un film.
Lo que no se justifican es el guión y el montaje, increíbles y casi sin sentido, con larguísimas escenas innecesarias –incluyendo una guitarreada– y sin conciencia de la relación causa–efecto. Evidentemente los intertítulos son el único recurso que encontraron para explicar medianamente la historia.
Se dice que la película era bastante más extensa que los cincuentayalgo minutos que se le conocen, y que ese metraje faltante produjo esas inexplicables elipsis que erosionan el relato. Lamentablemente, nunca vamos a saber qué contenían esas escenas.
A favor de El Hombre Bestia se puede señalar que es un film muy dinámico, que narrativamente siempre va hacía adelante y con un tema que parece increíble que se haya filmado en los oscuros tiempos de la llamada "decáda infame". Además la película incluye muchos exteriores (de gran valor histórico para descubrir el Rosario de aquellos tiempos) y bastante material "de archivo" –fundamentalmente escenas de aviación, de batallas y de operaciones quirúrgicas– que le dan aires de superproducción.
Los actores –probablemente aficionados– parecen algo perdidos en el metraje, pero no dejan de inspirar una inmensa ternura al darle el cuerpo a estos personajes delirantes. El único de ellos con algo de chapa era Lito Bayardo, que por aquellos años ya despuntaba como locutor radial, cantor y compositor. Era autor de tangos como Duelo Criollo, grabado por el propio Carlos Gardel y tenía ya cierta experiencia como actor. En 1950 se lo volvería a ver actuando junto a Hugo del Carril en El último payador. Del resto del elenco no hay noticias sobre otras participaciones fílmicas.



Lo cierto es que esta perversa historia de un hombre salvaje secuestrador de señoritas es resuelta con tanta ingenuidad y con recursos técnicos tan cándidos que, a pesar de sus notables falencias, el film resulta delicioso. Con esa historia que avanza torpe y confusamente la película logra un nivel de delirio que se la puede ubicar como la gran joya del cine bizarro nacional. Y definitivamente hay que entenderla como una de las pioneras del cine ultraindependiente argentino, realizado al margen de la omnipresente cinematografía de Buenos Aires.
Esta maravilla del séptimo arte es obra de Camilo Zaccaría Soprani, un ítalo–rosarino pionero de la cinematografía nacional. Soprani fue Jefe de la Página de Espectáculos del diario La Capital de Rosario y realizó otras películas, como la telúrica "La leyenda del mojón" y, como productor, "Juan de la Cruz Cuello".
También realizó la polémica cinta "Mujer tu eres la belleza "(1928) donde, en la línea del más puro sexploitation, presentaba unas visitas en tono documental a talleres de pintores, playas de moda y gimnasios como excusa para mostrar a varias modelos posando desnudas. La película mezcló escenas filmadas en Francia –las más picantes, aparentemente– con tomas registradas en un estudio improvisado en Rosario.
En un diario de la época se la promocionaba afirmando que "los más destacados pintores y escultores de Europa facilitaron sus modelos, sus estudios, sus obras artísticas inspiradas en las desnudeces perfectas de más de mil mujeres". Esta película costó unos 18000 pesos de la época y se dice que recaudó más de 180000 en sus escandalosas proyecciones rosarinas. Soprani recién reconoció su trabajo en este film cuarenta años después de su estreno.
Murió el 31 de octubre de 1974, con su obra fílmica prácticamente olvidada.
Roberto Di Chiara, director del Archivo Fílmico Di Film y poseedor de una de las copias de Debiazzi, generó una pequeña polémica en torno a El Hombre Bestia. Según él, la película fue rodada en 1932. Si esto fuera cierto, habría que reescribir los libros de historia del cine local. Tengamos en cuenta que las películas fundacionales del cine sonoro argentino, Tango! y Los tres berretines, son de 1933.
Sin embargo los investigadores rosarinos Fernando Irigaray y Héctor Molina fijaron definitivamente la fecha a partir de un artículo publicado en La Capital el 11 de junio de 1934, con el sugestivo título de "Un argumento emotivo", donde se habla de "una producción que se está rodando", en referencia a las aventuras del Capitán Richard.
La película se vio en Rosario al año siguiente. Un programa de mano fechado el 25 de julio de 1935 describe esta maravilla fílmica. "Una producción cinematográfica fantástica y novelesca, basada en la novela Las aventuras del Capitán Richard, temible aviador que perdióse en la selva, convirtiéndose en un monstruo de instintos salvajes por intervención de un médico asesino que ensayó en él una terrible fórmula química destinada a causar sensación y estragos en la humanidad. La audacia y el cinismo de un profesional que estrellóse ante la fuerza avasalladora del destino y mediante la intervención de hombres de bien descubrióse su secreto, disipándose el misterio que el azar había tejido en torno de tan fantástico personaje. Con un bello epílogo: la felicidad de una pareja de jóvenes enamorados se convierte en realidad".


Fuente// Lito Bayardo (hijo) /La Capital de Rosario/Quinta Dimensión