martes, 15 de septiembre de 2015

El Soldado y la muñeca que llora

Me gustaban los veranos en la casa de mi hermana. Me hacían sentir independiente. Mi hermana era casi 20 años mayor que yo y era linda y elegante y cuando alguien creía que era mi mamá yo me sentía orgullosa .Supongo que debería sentirme culpable por mi mamá verdadera por eso, pero yo las comparaba, mi madre 42 años mayor que yo, despeinada, sin preocuparse por la ropa, sin maquillarse jamás, los chicos del colegio discutiéndome a muerte que esa no podía ser mi mamá, que era mi abuela, y mi hermana con su delineador negro y sus vestidos floreados y sus tacos, y no me pasaba. No me sentía culpable.
Además, el barrio era como los de las películas norteamericanas, las casas con parques, las veredas muy anchas y cubiertas de pasto. El heladero pasaba todas las tardes con su bicicleta y su caja misteriosa repleta de helados Laponia, como el Patalín y uno con cara de payaso y con una nariz de chicle. Mi hermana vivía en una casa con fachada de Frentebril verde, con una estrella roja y amarilla y terraza. El vecino de enfrente era el intendente. Los vecinos de los costados eran militares. Mi hermana estaba casada con un militar.
También Helena, la vecina de al lado, estaba casada con un militar. El marido de mi hermana estaba en la Antártida por dos años, pero al de Helena lo veía de vez en cuando. Era alto, tenía un bigote muy grande y no saludaba a los chicos.
Sólo les dirigía la palabra (y no siempre) a sus hijos. Gastón y Florencia. Eran un poco más chicos que yo, pero Florencia era una líder nata, con su pelo muy rubio y lacio con flequillo (como la madre).Siempre usaba jardineros de jean y cintas en el pelo, pero al rato las cintas estaban todas torcidas, el pelo desgreñado y pegoteado de mermelada, las rodillas llenas de barro.
Gastón era mucho más delicado. Para mí era un bebé, suave y dulce y redondo. Pero cuando desarrolló una especie de enamoramiento conmigo le tomé bronca. No sé por qué. Él me seguía a todos lados, se sentaba muy pegado a mí, quería ser mi compañero en todos los juegos. 'Es porque está enamorado de vos', me dijo la hermana encogiéndose de hombros. A mí me daba odio su devoción. La tarde en que le clavé las uñas en la mano con todas mis fuerzas y él trató de aguantar el llanto hasta que vio que no podía aguantarlo más y se fue es unos de mis recuerdos de infancia que más triste me pone y más me avergüenza. Fantasear con que mi hermana era mi mamá no le llega ni a los talones a la forma en cómo me miraba con los ojazos castaños mojados.
La memoria me falla cuando se trata de mi muñeca. No recuerdo si el episodio de la muñeca fue antes o después de esto. Supongo que después, ya que no tengo ninguna imagen de  Gastón después de eso.
La muñeca era italiana, tenía un pijama rosa, rulos castaños y ojos verdes. Le sacabas el chupete rosado y lloraba a los gritos. Venía en un moisés de mimbre con un pavo real bordado. Fue un regalo de mi papá. El último. Después de eso ya no me hizo más regalos porque 'era grande'.Era tan hermosa que no se me ocurría un nombre acorde. Entonces mi madre la bautizó Vanesa, como la vecinita rubia que ella tanto admiraba (supongo que yo no era la única que fantaseaba con tener familiares más lindos). Nunca me cerró, pero a falta de otro nombre, Vanesa quedó.
La primera vez que Gastón vio a Vanesa quedó extasiado. La tenía en brazos y la miraba y revisaba toda. Pero tenía cuidado al manipularla, como si fuera un bebé de verdad. Igual Florencia enseguida se la sacaba. 'Ya sabés lo que dijo mamá, papá no quiere que juegues con muñecas'. Gastón tenía unos muñecos estilo G.I. Joe que nunca había visto antes pero no le gustaban, los usaba Florencia para maridos de sus Barbies.
Me llamó la atención que el tipo ése que no estaba nunca y que parecía importarle poco y nada de los hijos se metiera en algo tan trivial como con qué jugaba el hijo menor.
Pero la escena empezó a repetirse casi todos los días. Yo salía con la muñeca, Gastón me la pedía, la hermana esperaba un poco y se la sacaba. Un día comentó que la madre le había pegado la noche anterior porque lo vio con la muñeca .Él hizo el gesto con el hombro de 'no me importa' y hundió la nariz entre los rulos de Vanesa.
Más tarde mi hermana me dijo que no jugara más afuera con la muñeca, que 'los chicos se van a pelear y te la van a terminar rompiendo'.
Pero yo sabía que era Helena la que le había dicho que guardáramos la muñeca. Lo sabía,y no podía entender cómo una mujer tan hermosa (con una casa tan linda y que se compraba ropa casi todos los días, y revistas y zapatos con plataforma y bombones de licor) y su marido, un hombre alto con un buen auto y un puesto importante que tenía que luchar contra los guerrilleros, porque el país estaba lleno de guerrilleros en ese tiempo y hombres como él y como mi cuñado desde la Antártida luchaban contra eso, no sé cómo pero luchaban, cómo una pareja así se desvelara por una estupidez como que el hijo menor jugara con mi muñeca.
Pasó el tiempo, jugamos a otra cosa, un día entre 8 o 10 chicos hicimos una carpa con sábanas en la terraza de mi hermana, después hubo una tormenta de viento muy fuerte y la tiró, los helados que vendía nuestro heladero salieron en la tele en una propaganda con Carlitos Balá, una tarde insistí en meterme en un entrepiso abajo del lavadero que estaba cerrado desde hacía años y me pareció ver un par de ojos redondos y verdes brillando en la oscuridad y grité y grité y un adulto me agarró de las axilas y me sacó de ahí sin hacer preguntas, y Helena y mi hermana comentaron que una mañana había aparecido un borracho en la cuadra abrazado al duraznero pero vinieron unos señores de bigotes como el papá de Florencia y lo metieron en un auto verde y se lo llevaron ,el verano estaba terminando y pronto iba a ser hora de volver a mi casa, y un día le pregunté a mi hermana si podía jugar afuera con Vanesa y me dijo que sí sin dudar.
Así que salí con Vanesa en brazos toda primorosa en su ropita rosada y como siempre que salía a la vereda enseguida salieron Florencia y Gastón. Mientras discutíamos a qué íbamos a jugar, Gastón me arrebató la muñeca y corrió. Florencia empezó a perseguirlo gritando sus advertencias: 'No, que está papá', 'Acordate de lo que dijeron', 'Mamá se va a enojar otra vez', 'Papá te va a matar'. Gastón corría y corría con la muñeca en brazos, la protegía con su cuerpo, de golpe frenaba y arrancaba para otro lado, se tiraba en el pasto y rodaba como los soldados que habíamos visto en los entrenamientos en Campo de Mayo, pero los soldados no llevaban en brazos una muñeca toda rosada y no hundían la nariz en su cuello y sus rulos y cerraban los ojos y la apretaban más fuerte. Pero igual era valiente como los soldados, porque a pesar de ser chiquito y redondo y suave sabía lo que iba a pasar y lo hizo de todos modos.
Vi la sombra de Helena antes de verla a ella, con los dientes apretados y los ojos duros. En la ventana de la cocina, duro como una estatua, estaba el marido con sus bigotes. Helena se llevó a Gastón. A la muñeca me la devolvió Florencia más tarde. Sólo me dijo que a Gastón le pegó el papá. Debe pegar fuerte, pensé.
No volví a ver a ninguno de los dos.

martes, 11 de agosto de 2015

Como suelen hacer

Mis múltiples "Yo" deliberaban dentro mío como suelen hacer. Subían las voces, como suelen hacer en momentos de crisis. Mi Yo Saboteador empezó (como suele hacer) a recriminarme que todo era culpa mía. Si sos fea, no valés, sos tonta. "Callen a la monstrua", pensé yo. Y la Monstrua hizo un gesto de aceptación (como nunca suele hacer), un gesto de "Es verdad, a veces me excedo", y se sentó junto con todas nosotras, mis otros Yo y yo, piernas cruzadas en el piso, todas en ronda, y nos miramos entre todas con perplejidad.
Eso me asustó mucho.

lunes, 10 de agosto de 2015

Gris

Maxi tiene un trabajo que no le gusta pero que tampoco lo agobia.
Él simplemente levita entre sus obligaciones y sus ratos libres. En estos últimos le gusta ir cada tanto a ver una banda. O tomar una birra con los pibes del grupo. Nunca intercambia confidencias con ellos.
A Maxi le gusta la chica que trabaja cerca de su casa. A veces pasa por el kiosko donde ella atiende sólo para mirarla, pero nunca le dice nada. Una noche que había fumado unas flores especialmente ricas que consiguió su amigo Nico, se animó y la agregó en el Facebook. Ella lo aceptó, pero a Maxi no le gusta chamuyar por chat, y en persona no se anima.
Maxi tiene una ex novia que le duró lo que un suspiro. Cada tanto entra en su Tumblr para ver sus desnudos.
Maxi simplemente levita entre sus sueños y su vida gris.


lunes, 1 de junio de 2015

Whatsapp

Sábado a la noche, en el bar del barrio. La pareja se sentó enfrente nuestro, les sirvieron sus tragos y ambos sacaron sus celulares y clavaron la vista en ellos. Y eso fue todo.No levantaron la mirada nunca más. Él se pasaba la mano por la boca cada tanto. Ella por el pelo, todo el tiempo, y sonreía. En un momento lo tomó del brazo y puso el aparato frente a los dos. Foto. Yo aposté a que iba a hacer trompita de pato. Perdí. Fue una mirada dulce, una cara serena, de felicidad, de estar donde querés estar. Ni bien brilló el flash le soltó la mano y siguió en lo suyo, o sea, en el teléfono. Al rato pidieron la cuenta, él pagó, se levantaron, ella miró alrededor (arreglándose el pelo otra vez con gesto grandilocuente y estudiado) y al vernos a las 4 pendientes de ellos (éramos 5, pero una estaba demasiado ebria para notar nada) sonrió con satisfacción, lo besó en la boca y se fueron.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Vampire Love

El mensaje llegó a las 5:00 de la mañana. 'Ya terminé de tocar. ¿Seguís sola? ¿Querés que vaya?'
Me había insistido para que vaya a verlo.Hubiera podido ir en realidad. Pero me quedé. Pensaba dormir todo el domingo.
A las 7:00 fui a esperar el tren. Bajó, el pelo rubio, la piel pálida, los ojos rojos.'Hola, vampira', me dijo.él era el que parecía un vampiro. No me alcanzaban los brazos para apretarlo.
Estaba cansado. Más de dos horas de viaje, después de ensayar toda la tarde y tocar toda la noche. 'Creo que nunca hice algo así', confesó, con cara de escolar cansado.'Solamente por vos lo haría'.
Mi casa está sólo a tres cuadras de la estación, pero perdí la cuenta de las veces que nos paramos para abrazarnos y besarnos.Hacía frío.
Me miró. 'No me hago una paja desde hace tres días. Me estaba guardando para vos'.
En casa iba al dormitorio para sacarme el sweater de lana, pero me detuvo en el pasillo. Me apretó contra la pared, metió la mano debajo de la ropa, me comió.Nos comimos.
No sé cómo llegamos a la cama, no sé cómo lo hicimos ninguna de las cientos de veces anteriores.Sí sé que en un momento le puse mi pierna delante de la cara para que me baje el cierre de las botas, marrones, hasta la rodilla.
Y que en otro momento nos quedamos quietos, muy quietos.Él estaba arriba mío. Adentro mío. Fui consciente de que el aire era frío, pero nosotros estábamos dentro de una burbuja cálida y seca, y nos quedamos quietos, abrazándonos fuerte, él adentro mío, pero yo también adentro de él de alguna forma. Me moví apenas para juntar nuestros labios, la única parte de nuestros cuerpos que estaba separada.Solamente puse mi cara de frente a la suya, y su boca se apoyó en la mía, caliente y suave.Tenía las mejillas sonrosadas. Nos abrigábamos.
No sé cuanto duró el momento. Mucho, probablemente. No lo suficiente, seguro. Después seguimos jugando, como siempre. Como nunca. Era de tarde cuando lo acompañé a la estación de nuevo.

'No sé por qué pero cada momento que vivimos juntos me quedó grabado', me dijo casi un año después, siglos después.
A mí también.