martes, 31 de agosto de 2010

Louisa May Alcott


Es conocida en todo el mundo por su novela clásica "Mujercitas", la historia de cuatro hermanas creciendo juntas en una ciudad de Nueva Inglaterra a mediados del siglo XIX.

La escritora estadounidense nació el 29 de noviembre de 1832 en Germantown, Pennsylvania. Fue la segunda hija del pedagogo, escritor y filósofo Amos Bronson Alcott y de Abigail May, apodada cariñosamente “Abba”. Tuvo tres hermanas: Anna, Lizzie y May. Su hermano Dapper murió cuando todavía era un niño.

Las hermanas nunca fueron a la escuela, sino que fueron educadas por su padre, cuyos proyectos idealistas mantuvieron a la familia en una pobreza constante. Sin embargo, la familia Alcott fue rica en amistades, que incluyeron algunas figuras notables como los escritores Ralph Waldo Emerson, Henry David Thoreau y Nathaniel Hawthorne. Cuando Louisa era muy pequeña, su familia se mudó a Boston, Massachusetts, para que su padre se dedicara a su carrera docente estableciendo la Escuela Temple. Él era conocido por sus controversiales métodos de enseñanza, que trataban de involucrar a los estudiantes, quienes deberían disfrutar del aprendizaje.

Muy vinculado al abolicionismo y a la reforma educacional, Bronson Alcott perdió su escuela por incluir entre sus alumnos a un niño negro. Antes había puesto su vida en peligro al salvar del linchamiento a un esclavo fugitivo.
Poco después estuvo a punto de ser encarcelado por negarse a pagar impuestos, alegando motivos ideológicos.

Sus ideas desafiaron casi todos los aspectos de la tradición occidental, el capitalismo, los límites sociales y la santidad de la familia victoriana. Era un utópico soñador, desvinculado por completo de las necesidades materiales de la existencia.

Los diarios de Bronson Alcott, vegetariano furioso, delatan una maniática obsesión por las manzanas, el alimento más “simple” por no ser producto del trabajo humano, al que consideraba pernicioso.

Cuando le fueron vedados sus experimentos pedagógicos, se dedicó a hacer giras de conferencias y mítines defendiendo sus ideas, renunciando al papel de sostén de la familia en favor de su esposa Abba, quien dirigió con entereza el matriarcado Alcott.

En 1840 la familia se mudó a Concord, donde el prominente autor y amigo cercano de los Alcott, Ralph Waldo Emerson, ayudó a la familia a instalar su residencia.



Concord fue la primera colonia rural de artistas y filósofos de Nueva Inglaterra. Emerson, Alcott y Thoreau cultivaban allí sus huertos y visitaban asiduamente la comunidad utópica Granja Brook. El libro “Walden o la Vida en los Bosques” de Thoreau fue escrito en una choza construida por él mismo en Walden Pond, un predio propiedad de Emerson.

Cuando Louisa tenía 10 años, su familia tomó parte en una comunidad experimental de socialismo utópico conocida como Fruitlands. Bronson Alcott deseaba seguir sus creencias místicas y vegetarianas, y llevar a sus hijas a un entendimiento mayor de la naturaleza.

En ella, los animales y los filósofos fueron absueltos de la ética del trabajo e invitados a dar un paso “fuera del sistema de contratación”. Si se tiene en cuenta que los únicos miembros no filósofos de la comunidad, de quince personas en total, eran la señora Alcott y sus cuatro niñas, no es difícil adivinar sobre quiénes recayó todo el trabajo doméstico y de la granja.
Un día de invierno de las niñas Alcott en Fruitlands comenzaba con la concienzuda aplicación de baños fríos a las 5 de la mañana, continuaba con la deglución de avena a medio cocer y culminaba con lecturas de Platón al atardecer.

Nueve meses después de haber comenzado, débiles y exhaustas porque tenían prohibidos la carne, la lana, el algodón, el azúcar, la leche, la manteca y el queso, entre otras cosas, la señora Alcott y sus hijas abandonaron a los hambrientos filósofos a su suerte.

Sin ellas, Fruitlands pereció rapidamente. Sus colonos tuvieron que abandonar el proyecto a riesgo de morir de hambre, como lo relataron a los periódicos de Concord los granjeros vecinos que les regalaban alimentos.

La familia Alcott regresó a Concord, otra vez con el apoyo del poeta Emerson, de quien Louisa estuvo enamorada a los catorce años. Después del fracaso de Fruitlands, la adolescente comenzó a preocuparse por el bienestar de su familia, especialmente de su madre, una mujer a la que admiraba por su valentía y fortaleza.

Incapaz de garantizar a su familia un ingreso estable, Bronson la llevó de nuevo a Boston. Louisa, de 17 años, se sentia cada vez mas responsable de las necesidades financieras de su familia y decidió tomar cualquier trabajo disponible para una joven.

Comenzó a leer para un anciano y su hermana invalida, pero este empleo fue una amarga decepción cuando recibió casi nada por su trabajo. Al mismo tiempo, ella y su hermana Anna dieron clases a niños pequeños, además de remendar y lavar ropa ajena, en un esfuerzo por ayudar a la familia.

Rodeada de un ambiente literario, Louisa May Alcott había comenzado a escribir a muy temprana edad, iniciándose con su diario; Goethe y las hermanas Brontë fueron sus guías literarios.

Cuando tenía 20 años, fue publicado su primer poema “Luz del Sol” en la revista Peterson, bajo el seudónimo de “Flora Fairfield.” Aunque recibió un pago modesto, continuó escribiendo poemas y cuentos, empezando así a tener más ingresos.

Tres años después, en 1855, fue publicado su primer libro con su nombre real, “Fábulas de Flores”. Su familia se mudó a Walpole, Nueva Hampshire, pero ella permaneció en Boston para continuar su carrera literaria.

La tragedia golpeó a la familia al año siguiente cuando la tercera hija, Lizzie, contrajo escarlatina. Pese a que se recuperó un poco, su enfermedad forzó a los Alcott a regresar a Concord, donde Emerson compró una casa para la familia. Lizzie recayó y murió el 14 de marzo de 1856.

Los íntimos amigos de su padre, Thoreau, Hawthorne y Emerson, quienes los acogían en sus casas cuando no tenían dónde vivir, les donaban dinero y compartían las tertulias diarias, fueron también quienes condujeron el féretro de la joven.

La muerte de Lizzie y la boda de Anna obligaron a Louisa, de 23 años, a regresar a la casa de Concord. Deseaba apoyar a su madre durante esa época y ayudarla a aliviar un poco la pérdida de sus dos hijas.

Cuando estalló la Guerra Civil en su país no dudó en ocuparse como enfermera en un hospital de Washington. Como muchas otras voluntarias, contrajo fiebre tifoidea, que le trataron con calamina, una droga con alto contenido de mercurio. Aunque se recuperó, sufrió por los efectos venenosos de éste durante el resto de su vida, padeciendo numerosos males.

Las cartas enviadas a su familia durante esta etapa fueron publicadas con el título de “Apuntes del Hospital” en 1863, demostrando un agudo poder de observación y crónica, además con una sana dosis de humor, que le permitió ganar su primer reconocimiento crítico. Un año después apareció su primera novela, “Humores”, que también mostraba una considerable promesa.
Con sus compañeras enfermeras en el Hospital de Campaña

Cuando su editor Thomas Niles le pidió que escribiera “una historia de chicas”, ella respondió en un principio que no podría hacerlo, porque nunca le habían gustado las chicas, no conocía a ninguna excepto a sus hermanas y sólo estaba cómoda en el mundo de juegos y diversiones de los varones.

Louisa afirmaba que llevaba un espíritu de muchacho bajo su delantal de costura, gesto que mantuvo hasta el punto de no casarse nunca, sostener económicamente a toda la familia con su trabajo y escribir artículos sobre la dicha y la alegría de la vida de soltera. “La libertad es el mejor marido”, escribió.

Sin embargo, dada su necesidad económica y habiendo vivido con tres chicas verdaderamente interesantes, se puso a escribir furiosamente durante dos meses y medio hasta terminar “Mujercitas”, novela basada en sus propias experiencias creciendo junto a sus tres hermanas. La novela, publicada el 30 de septiembre de 1868, fue un éxito instantáneo y vendió más de 2,000 copias.

Su editor le rogó que publicara una segunda parte y meses después apareció “Más Cosas de Mujercitas”, que vendió de inmediato 13,000 copias. La historia de las hermanas Meg, Jo, Beth y Amy March lanzaron al estrellato a Louisa May Alcott y ayudaron a aliviar los problemas financieros de su familia.

Poco a poco pagó todas las deudas de la familia, incluida la del médico de Lizzie doce años después de su muerte. Envió a su hermana menor May a Europa a estudiar pintura y compró una casa para su hermana mayor Anna, joven viuda, y sus dos sobrinos.

Alcott pudo lograr lo que siempre había deseado: ser una mujer independiente y cumplir con la promesa de sacar a su familia de la miseria. En 1869, pudo escribir en su diario: "Pagadas todas las deudas... ¡Gracias a Dios!"
“Mujercitas” fue expurgada, censurada y mal traducida desde su aparición. Sus editores suprimieron capítulos enteros y se esforzaron por dulcificar términos entonces considerados vulgares, además de eliminar muchas de las reflexiones de la narradora. Se trataba de ajustar la novela al gusto del público femenino de entonces, dándole todo el protagonismo a las historias amorosas y silenciando cualquier atisbo de denuncia social. Es por esto que,a mi entender,otras novelas de Alcott como "An old fashioneld girl",al no recibir tanta atencion de la critica,exponen mucho mejor ciertas cuestiones como las diferencias de clases y el feminismo.
Aunque algunas de sus cuestiones pueden parecer anticuadas, otras situaciones continúan teniendo vigencia. De lo que no cabe ninguna duda es que “Mujercitas”, criticada por cursi en su versión censurada, ha dado impulso y ánimo a muchas futuras escritoras como, por ejemplo, Simone de Beauvoir. La ideóloga del feminismo confesó en sus “Memorias de una Joven Formal” su admiración por Jo, con quien compartía el rechazo a las tareas domésticas y el amor por los libros.

Al año siguiente, Alcott publicó “Una Chica a la Antigua” y, necesitando un descanso, viajó con su hermana menor May a Europa. Durante los siguientes años, dio continuidad a su carrera con otras narraciones tomadas de sus experiencias, como “Hombrecitos”, inspirada en el carácter y la forma de ser de sus sobrinos, los hijos de Anna, “Ocho Primos” y “Rosa Floreciendo”, con un gran público de jóvenes lectores.

Al igual que sus padres, Louisa May Alcott fue muy activa a nivel social y político, alineándose en contra de la esclavitud y apoyando el movimiento a favor del voto para las mujeres. Se unió a la Asociación por el Sufragio Femenino de Nueva Inglaterra, escribió artículos en revistas femeninas y realizó visitas casa por casa para animar a sus compatriotas a votar. Ella fue la primera mujer en Concord que se registró para votar en una elección local.
Además de acudir frecuentemente a mítines feministas, escribía adaptaciones teatrales de su admirado Charles Dickens para piezas de beneficencia y disfrutaba del ambiente bohemio del teatro representando sus papeles favoritos, los masculinos.

A los 52 años, Louisa mudó a lo que quedaba de su familia a un elegante barrio de Boston. Cansada y constantemente enferma, seguía escribiendo lo mejor que podía, ya que el envenenamiento por mercurio comenzaba a hacer mayores estragos en su salud. Al año siguiente publicó “Los Muchachos de Jo”, que completó la saga de la familia March.

Se ha dicho que el personaje de Jo es el retrato de su autora, plenamente identificado con ella menos en el matrimonio; Jo se casa pero no así Louise, de quien se ignora si tuvo amores.

Como Jo, también escribió con un seudónimo, el de “M.A. Barnard”, toda una colección de thrillers y relatos góticos en los cuales el adulterio, el incesto y las más intensas pasiones tenían cabida, no faltando la truculencia en ellos.
Dada la temática muchas de estas historias, en las que se mencionan amores seductores y casi perversos, es difícil creer que la escritora haya desconocido por completo la pasión amorosa.

Esta otra Alcott nada tenía que ver con la políticamente correcta autora a la fuerza de “Mujercitas” y así llegó hasta el final de sus días, llevando una doble vida literaria, escindida en dos personalidades muy diferentes.

La salud de su padre finalmente falló y murió el 4 de marzo de 1888. Dos días después fue su funeral y ese mismo día Louisa May Alcott murió en Boston, a 55 años, dejando un legado de libros maravillosos para ser admirados y queridos por las generaciones venideras de todo el mundo.

Escribió 270 obras, unas con su nombre, otras con seudónimo. Destacan “Un Moderno Mefistófeles”, historia sobre los esfuerzos de una mujer joven para escapar de la seducción de un personaje diabólico, y “Un Susurro en la Oscuridad”, de tema similar, que fueron publicadas póstumamente.

Alcott apareció en un timbre postal de los Estados Unidos en 1940, dentro de la serie de Autores Famosos y fue inducida al Salón Nacional de la Fama de Mujeres de su país en 1996.

Su novela “Una Larga y Fatal Cacería del Amor”, rechazada por las editoriales de su tiempo por ser “excesivamente sensacionalista”, es un tratado sobre el deseo interracial, la pasión sadomasoquista y el amor mortuorio.
Los libros de Louisa May Alcott han inspirado decenas de películas, especialmente “Mujercitas”. Destacan la primera adaptación de Alexander Butler en 1917, una película muda; la de George Cukor de 1933 con Katharine Hepburn encarnando a Jo, considerada la mejor; la de Mervyn LeRoy de 1949, una ambiciosa producción con June Allyson y Elizabeth Taylor y la de Gillian Armstrong, de 1994, con Winona Ryder, que es la más reciente.

2 comentarios:

  1. No comer carne, leche, queso o manteca no te hace estar débil... Iba a compartir este estupendo artículo, pero no puedo hacerlo. Soy vegana y sería compartir una opinión contraria a la mía y mi ética. Seguramente abandonaron esa comunidad por otros motivos. Si tenían hambre sería porque comían poco, no por no comer carne, etc.

    ResponderEliminar
  2. Hermosa reseña de la autora favorita de mi niñez. Felicitaciones!

    ResponderEliminar